Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, el Mesías Prometido (la paz sea con él), dice:
‘Es muy necesario permanecer en la compañía de los veraces, sin importar cuánto conocimiento o fortaleza posea una persona. Pero la claridad que obtiene de sus dudas y el conocimiento que adquiere al estar en su compañía, no se obtienen de ninguna otra manera’.
Para comprender mejor este tema, puede consultar nuestra guía principal sobre Comunidad Musulmana Ahmadía.
(Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, el Mesías Prometido [la paz sea con él]. Al-Badr, 13 de marzo de 1893).
Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, el Mesías Prometido (la paz sea con él), dice:
Al-lah ha indicado un camino para la reforma del alma:
كُونُوا مَعَ الصَّادِقِينَ
(سورة التوبة، ٩:١١٩)
«Manteneos con los veraces».
(Corán 9:119)
Es decir, permaneced con aquellos que son firmes en la veracidad en sus palabras, acciones, obras y estado. Antes de esto, Él dice:
يَا أَيُّهَا الَّذِينَ آمَنُوا اتَّقُوا اللَّهَ
«¡Oh, creyentes! Temed a Al-lah«. Esto significa que primero debe haber fe, luego, como una práctica, se debe abandonar el mal y permanecer en la compañía de los veraces.
La compañía tiene un efecto muy grande, que actúa interna y progresivamente. Si una persona va diariamente a donde están las mujeres de moral relajada y luego dice: ‘¿Acaso cometo fornicación?’. Debe decirsele: ‘Sí, lo harás’, y tarde o temprano caerá en ello, porque la compañía tiene influencia. De igual modo, quien va a la taberna, por mucho que se abstenga y diga ‘yo no bebo’, llegará un día en que definitivamente beberá. Por lo tanto, nunca debemos descuidar el hecho de que la compañía tiene una influencia tremenda.
(Malfoozat, Volumen 6, página 247, Edición 1984).
También dice (la paz sea con él):
Ocupaos día y noche en pensar cómo deshaceros de estos vicios, y reflexionad sobre las causas que los provocan. Si el motivo de estos vicios es la mala compañía, abandonad esa compañía. Y si un mal carácter es su causa, corregid ese carácter. Todo tiene alguna causa, y no podéis deshaceros de algo hasta que no os deshagáis de su causa. Ciertamente, es verdad que a veces el hombre desea abandonar estas causas y razones, pero se ve incapaz; quiere abandonarlas pero no tiene el poder para hacerlo. En tal situación, se debe recurrir a la súplica y pedir a Al-lah el Todopoderoso que le conceda la capacidad, para que Él lo libere de esa vida de pecado.
(Malfoozat, Volumen 3, página 616).