Los méritos de islam/">ramadán y deberes del creyente
Su Santidad el jalifa presentó en el comienzo de su sermón del 03 de agosto 2012 los versículos 58 a 62 del capítulo 23 del Sagrado corán, así como los versículos 8 a 9 del capítulo 98.
Refiriéndose al Ramadán, añadió que para sacar un pleno beneficio de este mes, el creyente debe reformarse tanto a sí mismo como sus palabras y acciones. Aquel que sienta el temor de Dios en su corazón sin duda se beneficiará de este bendito mes. El khashiya (temor reverencial) no es sinónimo de un temor común: esto es lo que el creyente siente cuando comprende la grandeza de Dios frente a su propia impotencia.
Varios versículos del Sagrado Corán evocan este temor:
إنما يخشى الله من عباده العلماء
«… Sólo aquellos de Sus siervos que poseen conocimiento temen a Al-lah.» (El Sagrado Corán, capítulo 35, versículo 29)
Este versículo destaca que el temor de Dios depende del conocimiento, pero ¿cuál es la definición de los ulemas o aquellos que poseen el conocimiento? ¿Podemos decir que el que no es un ´alim no puede temer a Dios? ¿Se aplica este versículo a los que son supuestamente llamados ulemas de la actualidad, que son muchos, y cuyas palabras y acciones se contradicen? Entre estos están los que no entienden el verdadero significado del Sagrado Corán y guardan en sus corazones un odio feroz al Santo mesías prometido (a.s.)
Este versículo tampoco se aplica a aquellos que han estudiado las ciencias de este mundo y han llegado a la cima de sus artes. Entre estos, están los que niegan encarecidamente la existencia de Dios, lejos de sentir en sus corazones ningún temor. El Mesías Prometido (a.s.) afirma que nadie tiene el monopolio del temor divino y que la palabra ulema no se aplica a una clase específica de personas. El Santo Profeta Mohammad (s.a.w.) se dirige a toda la humanidad; su propósito era establecer unión entre el hombre y Dios. La historia del Islam está llena de ejemplos de aquellos que en un momento dado fueron ladrones y asaltantes y luego se convirtieron en hombres de Dios.
Así, el término ulema no se aplica a los llamados ulemas de la actualidad, que están hinchados de orgullo, y que se consideran, erróneamente, como modelos de virtud, personas que no tienen ni la mínima gota de temor de Dios en sus corazones. El Santo Profeta Mohammad (s.a.w.) ha definido a estas personas como las peores criaturas bajo la bóveda del cielo.
Según el Mesías Prometido (a.s.) los que temen a Dios tienen un perfecto conocimiento de Su grandeza, Sus favores, Su poder y Su belleza. Islam y Khashiya son sinónimos. Así que para practicar el Islam es necesario conocer los atributos de Dios. Ello no concierne a un grupo en particular; cada uno, según sus capacidades, debe hacer esfuerzos para crecer en su fe. El musulmán sincero es en sí mismo un ‘alim (erudito).
Este conocimiento que no conduce a Dios es inútil: no es cuestión de filosofía o de cualquier otra rama del conocimiento que pertenezca a este mundo. Se trata de ese conocimiento que viene de Dios y hace nacer en el corazón del creyente el temor a Dios.
El creyente debe ser un ‘alim. El Santo Profeta Mohammad (s.a.w.) dijo que los eruditos de su Ummah tendrán la misma consideración que los profetas de los hijos de Israel. Una vez más, no se trata de los llamados líderes religiosos que urden complots y son la fuente de toda la agitación en el mundo de hoy.
El verdadero conocimiento genera temor de Dios: también se trata del conocimiento del Sagrado Corán. No de la filosofía o de la ciencia, ya que cada pecador y depravado puede adquirir estos conocimientos como el creyente. Aquí, es cuestión del conocimiento del Sagrado Corán que sólo se concede a los muttaquin [piadosos].
El verdadero ´alim es aquel que siente el temor de Dios. Y es siguiendo a la perfección al Santo Profeta Mohammad (s.a.w.) y experimentando amor por él que se alcanzará este estado.
El Ramadán nos abre las puertas de la cercanía de Dios y nos proporciona el momento perfecto para progresar en el Taqwa.
Los versículos mencionados anteriormente describen las cualidades de los creyentes. En el Sura Al-Muminun, se dice: “en verdad, quienes por temor a Su Señor se guardan contra los pecados, quienes creen en los signos de Su Señor, quienes no asocian partícipes a Su Señor. Y quienes dan lo que dan con sus corazones llenos de temor porque volverán con Su Señor. Son estos quienes se apresuran a hacer las buenas obras, y quienes serán los primeros de todos ellos.” (El Sagrado Corán, capítulo 23, versículos 58 a 62)
Al final de su sermón, Su Santidad el Jalifa evocó algunas plegarias del Santo Profeta Mohammad (s.a.w.). Hadrat Umm Salma (r.a.) relata que el Santo Profeta Mohammad (s.a.w.) solía recitar la siguiente plegaria cuando se encontraba en su casa:
یا مقلب القلوب ثبت قلبی علی دینک
“¡Oh, Señor!, que hace cambiar los corazones, haz que mi corazón esté firme en Tu religión.
El Santo Profeta Mohammad (s.a.w.) explica que el corazón se haya entre los dedos de Dios. Él puede conceder firmeza a la persona de su elección o puede desviarla si lo desea. Si tal era la humildad del Santo Profeta Mohammad (s.a.w.), aquel que fue el más cercano a Dios, nos incumbe a nosotros como simples mortales que somos ser aún más humildes.
El Santo profeta muhammad (s.a.w.) suplicaba Dios también así:
اللهم انی اعوذبک من قلب لا یَخشع و من دُعاء لا یُسمع ومن نفس لا تَشبع ومن علم لا ینفع، اعوذبک من هؤلاء الاربع
«Señor mío, busco Tu refugio contra un corazón que no es humilde, una oración que no es contestada, un alma que nunca está satisfecha y contra un conocimiento que no es beneficioso. En Ti me refugio contra estos cuatro. «
Otra plegaria que alcanza las cimas de la humildad, es la que hizo durante su peregrinación de despedida. Él (s.a.w.) repitió estas palabras: “¡Oh Dios, escuchas lo que digo y ves mi condición. Conoces plenamente mis secretos y lo que revelo, nada de mí se oculta a Ti. Yo soy el mendigo, el necesitado, el que pide Tu auxilio y Tu refugio. El hombre que tiene miedo y confiesa sus pecados. Te pido como el necesitado, y Te suplico como suplica el humilde pecador. Te ruego como el ciego temeroso. Mi cuello bajado ante Ti, y mis lágrimas fluyendo delante de Ti. Mi cuerpo está postrado ante Tu umbral, mi cara en el polvo. ¡Oh Al-lah!, no me dejes infeliz. Trátame siempre con Tu Bondad y Misericordia. Tú, que escuchas las súplicas y das lo mejor, acepta mi oración!”.
SERMÓN DEL LUNES 03/09/2012
