Claves para alcanzar el éxito en el mundo

Claves para alcanzar el exito en el mundo
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Texto Discover: Este discurso de Hazrat Musleh Mau’ud (que Al-lah esté complacido con él), pronunciado en 1931 en la Mezquita Ahmadía de Sialkot, expone una enseñanza profunda sobre la relación entre la súplica, el esfuerzo humano y el favor divino. El texto resulta especialmente valioso para quienes desean comprender, desde una perspectiva islámica, los principios espirituales y prácticos del verdadero progreso.

Resumen rápido: El éxito en el mundo no depende únicamente del esfuerzo humano ni únicamente de la aspiración espiritual. Según esta exposición, el ser humano progresa cuando utiliza correctamente los medios establecidos por Al-lah y, al mismo tiempo, cultiva una relación sincera con Él.

Introducción

El 12 de septiembre de 1931, después de la oración del Magreb, jalifa/" data-type="post" data-id="476">Hazrat Musleh Mau’ud, Jalifatul Masih II (que Al-lah esté complacido con él), pronunció un discurso en la Mezquita Ahmadía de Sialkot, en la India británica. En esta alocución ofreció una profunda explicación de un versículo del Sagrado Corán y mostró que la verdadera clave del progreso mundanal reside en comprender correctamente la dependencia absoluta del ser humano respecto de Al-lah Todopoderoso.

Tras recitar el tashahhud, el ta‘awwuz y la Sura Al-Fátiha, Huzoor (que Al-lah esté complacido con él) dijo:

قُلۡ مَا یَعۡبَؤُا بِکُمۡ رَبِّیۡ لَوۡ لَا دُعَآؤُکُمۡ
«Di a los incrédulos: «De ser por vuestra oración, mi Señor no se preocuparía de vosotros.»
(Sagrado Corán, Al-Furqan, 25:78)

¿Por qué el ser humano no tiene ningún derecho sobre Al-lah?

Si una persona reflexiona sobre su existencia, comprenderá que Al-lah Todopoderoso no tiene necesidad alguna de ella. Sin embargo, muchas personas caen en la equivocación de pensar que, al orar, dar limosna, pagar el zakat o realizar el hayy, están haciendo un favor a Al-lah.

Con frecuencia ocurre que, cuando sobreviene una dificultad, algunos se lamentan y preguntan por qué Al-lah les ha afligido, pese a que cumplen con la oración y otros mandamientos religiosos. En el fondo, esa queja revela que consideran que Al-lah les ha tratado injustamente.

El Mesías Prometido (la paz sea con él) solía relatar el caso de un hombre cuyo hijo había fallecido. Cuando un amigo fue a expresarle sus condolencias, el padre, roto por el dolor, exclamó entre lágrimas: «¡Al-lah ha cometido una gran injusticia conmigo!». Como si el ser humano pudiera establecer un derecho sobre su Creador.

Esa actitud resulta asombrosa. Precisamente quienes más se enorgullecen de su islam/">salat, su ayuno, su zakat, su hayy, su taqwa y su piedad, son a veces los primeros en quejarse cuando llega una prueba. En contraste, incluso una persona alejada de la religión puede, en un instante de verdad, reconocer su absoluta dependencia de Al-lah.

Hazrat Musleh Mau’ud (que Al-lah esté complacido con él) citó, a este respecto, un conocido verso de Ghalib:

جان دی دی ہوئی اسی کی تھی
حق تو یہ ہے کہ حق ادا نہ ہوا

«Entregué mi vida, aunque esa vida era Suya por derecho; la verdad es que la deuda sigue sin pagarse».
(Kanz-ul-Matalib Sharh Diwan-e-Ghalib, Natiq Gulauthvi, Lucknow: 1968, p. 80)

¿Qué realidad tienen nuestras posesiones?

El ser humano llama suyos a su esposa, sus hijos, su casa, sus tierras y sus bienes. Pero, si reflexiona con sinceridad, verá que nada de ello le pertenece verdaderamente. Todo cuanto posee le ha sido otorgado por Al-lah Todopoderoso.

Por eso, cuando algo se aparta de la vida de una persona, debe preguntarse primero de dónde vino en realidad aquello que ahora ha perdido. Si todo procede de Al-lah, entonces Él conserva el derecho absoluto de retirarlo cuando quiera.

En sentido estricto, un regalo verdadero es aquello que no se recupera. Pero todo cuanto el ser humano recibe en este mundo le es finalmente retirado. Esto demuestra que las cosas mundanales no son posesiones definitivas, sino préstamos temporales. Y Aquel que presta tiene también pleno derecho a reclamar lo prestado.

¿Qué significa la expresión «de no ser por su súplica»?

Hazrat Musleh Mau’ud (que Al-lah esté complacido con él) explicó que la expresión coránica لَوۡ لَا دُعَآؤُکُمۡ encierra dos significados profundos.

Por una parte, puede significar: «si Al-lah no los llama».
Por otra, puede significar: «si ustedes no Lo invocan».

Esta doble lectura contiene dos caminos fundamentales del progreso. El orden natural del discurso considera primero el caso en que es Al-lah quien llama a Sus siervos, y después el caso en que los siervos invocan a Al-lah mediante el esfuerzo. Ambos conducen al éxito, aunque por vías distintas.

Asimismo, señaló que todo en este mundo desemboca finalmente en Al-lah Todopoderoso, como declara el Sagrado Corán:

اِلٰی رَبِّکَ مُنۡتَہٰٮہَا
«Su conocimiento último corresponde a tu Señor.».
(Sagrado Corán, An-Nazi‘at, 79:45)

Si el fin último de todas las cosas está en Al-lah, entonces el ser humano no posee por sí mismo ningún valor independiente que obligue a Al-lah a ocuparse de él. Si Él se vuelve hacia el hombre, lo hace únicamente por Su gracia.

¿Qué significa que Al-lah llame a Sus siervos?

El primer significado del versículo, siguiendo el orden expositivo original, es el más elevado. Se refiere al caso en que Al-lah mismo llama a un siervo y lo eleva por Su gracia, sin que ese siervo haya buscado los medios ordinarios del progreso mundanal.

El ejemplo supremo de esta realidad es el de los profetas. El Santo profeta muhammad (la paz y bendiciones de Al-lah sean con él) llevaba una vida retirada y contemplativa. Se recogía en la Cueva de Hira y no buscaba los caminos ordinarios del poder mundanal. Entonces, un día, llegó el llamado divino. Al-lah Todopoderoso lo sacó de su retiro, lo erigió como guía de la humanidad y le concedió un éxito tan inmenso que su influencia transformó la religión, la civilización, la sociedad y la historia.

Los verdaderos seguidores del Santo Profeta Muhammad (la paz y bendiciones de Al-lah sean con él) también participaron de ese favor. Sin haber pasado por los sistemas académicos del mundo ni por sus instituciones científicas, llegaron a ser maestros en múltiples campos. Su elevación no se explicaba solamente por los medios externos, sino por su vinculación con aquel a quien Al-lah había llamado.

¿Cómo transforma el favor divino la vida de una persona?

Para ilustrar esta primera dimensión, Hazrat Musleh Mau’ud (que Al-lah esté complacido con él) relató el caso de un Compañero, Hazrat Urwah (que Al-lah esté complacido con él), a quien el Mensajero de Al-lah (la paz y bendiciones de Al-lah sean con él) confió una moneda de oro para comprar una cabra para el sacrificio. Aquel Compañero obró con inteligencia: compró dos cabras por el mismo precio y luego vendió una de ellas sin perjuicio alguno. Después presentó al Santo Profeta Muhammad (la paz y bendiciones de Al-lah sean con él) tanto la cabra como la moneda. El Profeta, complacido por su perspicacia, oró por él.

A partir de entonces, aquel hombre alcanzó tal bendición en sus negocios que llegó a decir que, incluso si comprara polvo, lo vendería al precio del oro.
(Sahih al-Bukhari, Kitab al-manaqib, Bab 28, hadiz 3642, Maktabah Daruslam, Riyadh: 1999, p. 611)

Este ejemplo muestra una verdad profunda: hay ocasiones en que el progreso no puede atribuirse únicamente a la capacidad personal, sino al favor especial de Al-lah, despertado por la oración de un elegido Suyo.

¿Cómo progresa la persona cuando invoca a Al-lah?

El segundo significado del versículo enseña que el ser humano progresa cuando «invoca» a Al-lah, es decir, cuando utiliza correctamente los medios y recursos que Él mismo ha establecido para alcanzar un objetivo.

La du‘a no consiste solamente en levantar las manos y pedir. Tampoco consiste en repetir fórmulas sin actuar. La verdadera súplica exige que la persona emplee de forma recta, completa y diligente los medios que Al-lah ha puesto a su disposición.

Por ejemplo, quien desea tener hijos debe seguir el cauce natural que Al-lah ha instituido para ello. Si una persona no adopta los medios adecuados y, sin embargo, espera que su oración sea aceptada, no ha comprendido la esencia de la súplica.

Para ilustrar esta idea, Hazrat Musleh Mau’ud (que Al-lah esté complacido con él) presentó ejemplos sencillos y claros. Así como el gobierno establece procedimientos concretos para transferir dinero o presentar una demanda ante un tribunal, del mismo modo Al-lah el Exaltado ha fijado sistemas y vías específicas para el cumplimiento de los asuntos humanos. Si una persona abandona esos procedimientos y pretende alcanzar el resultado por una vía arbitraria, no obtendrá beneficio.

Lo mismo sucede en la vida práctica. La educación de los hijos tiene sus principios. Los negocios tienen sus reglas. El trabajo y el progreso material también siguen leyes concretas. Cuando una persona actúa conforme a esos medios, está invocando a Al-lah mediante las vías que Él mismo ha dispuesto.

¿Por qué algunas naciones alcanzan éxito mundanal?

Hazrat Musleh Mau’ud (que Al-lah esté complacido con él) puso como ejemplo a los pueblos de Europa. Explicó que alcanzaron éxito mundanal porque dominaron las ciencias, realizaron investigaciones, trabajaron con constancia, descubrieron nuevas realidades e hicieron invenciones.

Al-lah Todopoderoso les concedió éxito porque adoptaron los medios que conducen a él. Buscaron ayuda a través del esfuerzo, la observación, la disciplina y la investigación, y Al-lah dio fruto a ese empeño.

Esto no significa que basten las palabras religiosas para progresar. Significa que el orden divino del mundo exige diligencia, método, inteligencia y perseverancia. Quien obra conforme a las leyes establecidas por Al-lah, obtiene resultado. Quien las ignora, no alcanza fruto, por mucho esfuerzo desordenado que realice.

Por eso, una persona puede fatigarse mucho y, sin embargo, no prosperar. Hazrat Musleh Mau’ud (que Al-lah esté complacido con él) mencionó el caso de quien recorre las calles con un mono para divertir a la gente. Puede que su esfuerzo físico sea mayor que el de un comerciante, pero sus ganancias nunca serán comparables, porque no ha seguido el sistema dispuesto para alcanzar una prosperidad mayor.

¿Cuál es el poder de la compañía de los justos?

Hazrat Musleh Mau’ud (que Al-lah esté complacido con él) explicó también que quienes se vinculan sinceramente con los hombres veraces participan de su elevación. Cuando Al-lah abre las puertas de Su gracia para un hombre justo, quienes permanecen unidos a él también reciben parte de ese favor.

Para expresar esta idea, citó la enseñanza coránica:

کُوۡنُوۡا مَعَ الصّٰدِقِیۡنَ
«Estén con los veraces».
(Sagrado Corán, At-Taubah, 9:119)

La compañía de los justos no es una simple cercanía exterior. Es una relación de fidelidad, obediencia, amor y sinceridad. Quien se une verdaderamente a los siervos escogidos de Al-lah participa de las bendiciones que descienden sobre ellos.

Hazrat Musleh Mau’ud (que Al-lah esté complacido con él) ilustró esta realidad con el ejemplo de Hazrat Abu Hurairah (que Al-lah esté complacido con él), quien en una etapa de su vida padeció una pobreza tan extrema que llegaba a desmayarse de hambre, mientras la gente creía erróneamente que sufría ataques epilépticos. Sin embargo, más tarde alcanzó tal dignidad y tal rango que llegó a utilizar incluso un pañuelo de Kisra para limpiarse la nariz, asombrándose él mismo del cambio radical de su destino.
(Jami‘ at-Tirmidhi, Kitab az-zuhd, Bab ma ja’a fi ma‘ishati ashabi n-nabiyy, hadiz 2367; Sahih al-Bukhari, Kitab ar-riqaq, Bab kayfa kana ‘ayshu n-nabiyyi wa ashabih, hadiz 6452; ibid., Kitab al-i‘tisami bi l-kitabi wa s-sunnah, hadiz 7324)

Su ascenso no fue un mero cambio social. Fue la manifestación del favor de Al-lah sobre alguien que se había adherido con sinceridad al Mensajero de Al-lah (la paz y bendiciones de Al-lah sean con él).

Conclusión

Este discurso enseña que el éxito en el mundo descansa en dos principios inseparables, que corresponden a los dos significados del versículo:

Cuando Al-lah llama a Sus siervos: el favor divino que eleva a una persona sin que esta haya buscado los medios ordinarios. Es el camino de los profetas y de quienes se unen sinceramente a ellos.

Cuando los siervos invocan a Al-lah: el uso correcto, disciplinado y completo de los medios que Al-lah ha establecido para el progreso material y espiritual.

Así, el verdadero progreso no nace de la autosuficiencia, sino de la humildad. No nace de la negligencia, sino del esfuerzo rectamente dirigido. Y no nace únicamente de la habilidad, sino también del favor divino.

Referencia editorial: Discurso pronunciado el 12 de septiembre de 1931 en la Mezquita Ahmadía de Sialkot, India británica; publicado por primera vez en Al Fazl, Qadian, el 27 de septiembre de 1931, pp. 6-7; reimpreso posteriormente como Duniya Mein Taraqqi Karne Ke Gur, en Anwar-ul-Ulum, vol. 16, pp. 309-316; encabezados añadidos editorialmente; traducido al inglés por Prof. Amtul Razzaq Carmichael, Reino Unido.

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