Las bendiciones milagrosas del Mesías Muhammadi, reformador del mundo
Este artículo recoge relatos espirituales sobre la aceptación de las oraciones, la revelación divina y las señales del Dios Vivo manifestadas en la vida de los compañeros y seguidores del Mesías Prometido (as). Son testimonios de fe, súplica y certeza en la cercanía de Dios Altísimo.
Resumen rápido: La fe en un Dios Vivo constituye el centro de la espiritualidad islámica. Estos relatos muestran cómo Dios Altísimo escucha, responde y guía a quienes se vuelven a Él con sinceridad.
El encuentro y la visión de Dios gracias al poder espiritual del Santo Mesías (as)
La fe y la certeza en la existencia de Dios Altísimo constituyen, en realidad, el fundamento mismo de la religión y el punto central de la espiritualidad. Sin ello, el concepto de religión queda anulado. El islam ha presentado la existencia de Dios como una realidad viva. La contemplación de ese Dios es posible en este mundo.
Sin embargo, cuando en esta última época los musulmanes cayeron en la debilidad de creencias y obras, perdieron la fe en el Dios Vivo que responde a las oraciones. Negaron el encuentro con Dios, así como la revelación y la inspiración. No había nadie que hablara de la Palabra viva de Dios.
En medio de aquella oscuridad y desesperación extremas, desde la desconocida aldea de Qadian se alzó con gran majestuosidad este llamamiento al Tauhid:
Ese Dios aún hoy hace de quien quiere un interlocutor suyo;
aún hoy habla con aquel a quien ama.
Esta gloriosa proclamación fue realizada por el fundador de la Comunidad Ahmadía, Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadian, el Mesías Prometido y Mahdi Esperado (as). Él anunció a los musulmanes abatidos la buena nueva de que nuestro Dios es un Dios Vivo, y que ninguna de Sus bellas cualidades queda suspendida por el paso del tiempo. Él escucha hoy igual que escuchaba antes. Él habla hoy igual que hablaba antes.
El Mesías Prometido (as) afirmó:
“Una religión viva es aquella mediante la cual se encuentra al Dios Vivo. Un Dios Vivo es aquel que puede inspirarnos directamente o, al menos, aquel mediante el cual podamos ver directamente a quien recibe inspiración. Por ello anuncio al mundo entero la buena nueva de que este Dios Vivo es el Dios del islam.”
Maymu‘ah Ishtiharat, Londres, 1984, vol. 2, p. 311.
Presentando su propia persona y experiencia como prueba, anunció al mundo que Dios le había honrado con esta gracia. También dijo:
“¡Venid! Os mostraré dónde está el Dios Vivo y con qué pueblo se encuentra. Está con el islam. El islam es hoy el Sinaí de Moisés (as), donde Dios está hablando. El Dios que hablaba con los profetas y luego guardó silencio, hoy está hablando al corazón de un musulmán.”
Zamimah Anjam Atham, Ruhani Khazain, vol. 11, p. 62.
La proclamación del Mesías Prometido (as) fue revolucionaria y causó una gran conmoción en el mundo religioso. Este heraldo y testigo de la existencia de Dios demostró ser una personalidad magnética hacia la cual acudieron personas de noble naturaleza en caravanas sucesivas. Al beneficiarse de su influencia espiritual, se convirtieron en hombres y mujeres que conocían a Dios.
Fue este grupo de almas santificadas el que se convirtió en un medio para mostrar a Dios al mundo. El Mesías Prometido (as) entregó a la humanidad un gran número de personas santas cuyas experiencias espirituales continuarán iluminando para siempre los caminos que conducen a Dios. Entre miles de ejemplos, presentamos algunos a modo de muestra.
El Dios de Mirza Ghulam Ahmad de Qadian también me habla
Uno de los compañeros del Mesías Prometido (as), Hazrat Maulvi Muhammad Ilyas Khan (ra), relata que Abdul Ali Akhundzada, juez supremo del Estado de Kalat, se dirigió públicamente a él durante una gran reunión en Mastung y le preguntó:
—¿Acaso no encontró usted ningún guía espiritual en toda la Provincia de la Frontera para tener que ir al Punyab y hacer Baiat a un punyabí llamado Mirza Ghulam Ahmad de Qadian?
Hazrat Maulvi Muhammad Ilyas Khan (ra) respondió inmediatamente:
—La realidad es que había perdido a mi Dios. Lo busqué en todas las religiones. Cada una me llevaba a relatos antiguos. Preguntaba a todos: “¿Sigue hablando Dios hoy?”. Todos respondían: “No, ya no habla”. Acudí a cada una de las setenta y dos sectas musulmanas y todas me dijeron que después de Hazrat Muhammad Mustafa (sa), Dios ya no habla y que la puerta de la revelación está completamente cerrada.
Llegué entonces a la conclusión de que Dios no era una realidad, sino una filosofía basada en historias antiguas. Sin embargo, Dios debería ser Aquel cuyas cualidades perfectas nunca quedan suspendidas. ¿Cómo podía ser que antes hablara y ahora Su atributo del habla hubiese sido sellado?
Estaba a punto de convertirme en ateo cuando sentí una mano suave sobre mi hombro. Era Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadian. Me preguntó:
—Muhammad Ilyas, ¿qué ocurre? ¿Por qué estás preocupado?
Le respondí:
—He descubierto la realidad de Dios. Es una filosofía, no una realidad. Todos dicen que antes hablaba y ahora ya no habla.
Entonces tomó mi mano y dijo:
—Ven, yo te lo mostraré. Dios sigue hablando hoy. Pero debes hacer Baiat en mi mano, pues he sido enviado por Dios como Mesías y Mahdi. Ese Dios descenderá también sobre ti y, si así lo desea, hablará contigo.
Después de aceptar, pude afirmar bajo juramento:
—Juro por Dios Altísimo que el Dios de Mirza Ghulam Ahmad de Qadian también me habla.
Y preguntó a la multitud:
—¿Hay alguien aquí que pueda afirmar que Dios le habla?
La asamblea quedó en completo silencio. Tras un rato, al no recibir respuesta de nadie, Maulvi Sahib dijo:
—¿Qué debo hacer con una doctrina y un islam desgastado que ha quedado reducido a ritos e innovaciones, en el que Dios no habla? ¿Por qué no habría de aceptar el islam de Mirza Ghulam Ahmad de Qadian, que es el verdadero islam, mediante el cual se encuentra a Dios y Él concede el honor de hablar con amor y afecto?
Hayat Ilyas, Abdul Salam Khan, p. 118.
¡Sadiq! Ten la certeza de que este barco llegará sano y salvo
Hazrat Mufti Muhammad Sadiq (ra) relata que en 1917, cuando la Primera Guerra Mundial se encontraba en su momento más intenso, Hazrat Jalifatul Masih II (ra) le ordenó viajar a Inglaterra para la propagación del islam.
Algunas mujeres presentaron una petición ante Hazrat Jalifatul Masih II (ra), diciendo:
—Huzur, los viajes por mar no están exentos de peligros. La gente está muriendo por miles. Sería mejor que Mufti Sahib no viajara ahora.
Hazrat Jalifatul Masih II (ra) respondió:
—El trigo se introduce en el molino para ser molido, pero algunos granos permanecen intactos. Mufti Sahib es uno de esos granos que no serán triturados.
Cuando nuestro barco entró en el mar Mediterráneo, el capitán reunió a todos los pasajeros en la cubierta y les explicó:
—Nos estamos adentrando en una zona extremadamente peligrosa. No sabemos en qué momento un submarino enemigo podría hundir nuestro barco. Si eso sucede, sonará un silbato. Cuando lo oigan, deberán dirigirse a los botes salvavidas que cuelgan a ambos lados del barco.
Tras escuchar aquellas instrucciones, regresé a mi camarote y elevé fervientes súplicas a Dios Altísimo para que nos protegiera.
Aquella misma noche vi en sueños a un ángel de pie en mi habitación que me dijo en inglés:
—Sadiq, ten la certeza de que este barco llegará sano y salvo.
Con esta buena noticia informé tanto a los pasajeros como al capitán.
Y así ocurrió. Nuestro barco llegó sano y salvo a las costas de Inglaterra. Vimos hundirse numerosos barcos delante de nosotros, detrás de nosotros y a ambos lados. Se podían observar restos de madera flotando en el agua. Sin embargo, Dios Altísimo protegió nuestro barco y lo llevó a salvo a su destino.
Kitab Lataif Sadiq, pp. 130-131; Hazrat Mufti Muhammad Sadiq, pp. 166-167.
Tú eres el presidente de ese comité
Chaudhry Zuhur Ahmad Bajwa relata que cuando Hazrat Jalifatul Masih III (rh) visitó África, tuvo el honor de acompañarle.
En Sierra Leona había un anciano ahmadí llamado Ali Rogers, que era presidente de la Yamaat local.
Le pregunté:
—¿Cómo se hizo usted ahmadí?
Respondió:
—Me hice ahmadí después de presenciar una señal de Dios.
Explicó que cuando Maulana Nazir Ahmad Ali llegó por primera vez a su aldea, mantuvo un debate público sobre las creencias ahmadíes con un clérigo no ahmadí. Tras escucharlo, aquel clérigo emitió una fatua declarando que era un incrédulo.
Al finalizar la reunión, ya había caído la noche. Vi cómo Maulana Sahib llamó a la puerta de una casa y preguntó si podía pasar allí la noche.
Le respondieron:
—No, usted es un incrédulo.
Fue a una segunda casa y recibió la misma respuesta. Luego llamó a una tercera puerta y también le negaron alojamiento.
Yo observaba toda la escena. Sentí compasión por él y pensé:
—Aunque lo consideren incrédulo, sigue siendo un ser humano. Lo alojaré en mi casa.
Me acerqué para ofrecérselo, pero vi que se dirigía hacia la selva. Le insistí para que se quedara en mi hogar, pero respondió:
—No. Pasaré la noche en la selva dedicado a la oración.
Decidí acompañarle.
Una vez allí, limpió un pequeño espacio, extendió su manta y comenzó a orar. Observé su profunda humildad y concentración. Me sorprendió ver cuánto dolor espiritual parecía sentir.
Más tarde sufrió un fuerte ataque de dolor de riñón. Le sugerí:
—Volvamos al pueblo; quizá podamos conseguir algún medicamento.
Respondió:
—Permaneceré aquí y seguiré orando.
Entonces me dijo:
—Dios acaba de mostrarme en visión que en el lugar donde ahora estás sentado habrá una escuela. Esa escuela estará administrada por un comité, y he visto que tú eres el presidente de ese comité.
Al recordar aquel momento, Ali Rogers se emocionaba profundamente y continuaba:
—Más adelante, el Ahmadíat se extendió por nuestra región. Exactamente en el lugar donde Maulana Sahib pasó aquella noche con tanto dolor y aflicción, hoy se encuentra nuestra escuela. Y yo soy el presidente de su comité de administración.
Luego añadió:
—Nosotros aceptamos el Ahmadíat después de presenciar una señal del Dios Vivo.
Chaudhry Zuhur Ahmad Bajwa, compilado por Hanif Mahmud, pp. 138-139.
Decidle a Majid que solo escriba su número de examen en las hojas
Abdul Majid Sial, BA, LLB, relata:
En 1943 iba a presentarme al examen de matriculación. Sin embargo, después de cinco o seis años de intensa actividad, me sentía completamente desanimado y sufría una gran ansiedad mental.
Por entonces residía en Baituz Zafar, la residencia de Chaudhry Muhammad Zafrulla Khan (ra). Hazrat Maulvi Sher Ali (ra) trabajaba en la traducción inglesa del Sagrado Corán en la casa de huéspedes cercana.
Debido a la estrecha relación que tenía conmigo, conocía perfectamente mi situación. Deseaba que me presentara al examen y, gracias a sus continuos ánimos, envié finalmente mi solicitud pagando la tasa por retraso.
Me dijo:
—Cuando termines el primer examen, ven a contarme cómo te ha ido. Insha’lah, oraré por ti. Sigue presentándote a los exámenes sin preocuparte.
Cuando regresé del examen de inglés le dije con gran desesperación:
—Solo he podido responder unas pocas preguntas. Apenas obtendré algunos puntos.
Hazrat Maulvi Sher Ali (ra), que estaba sentado en el porche de su casa, sonrió y dijo:
—He orado especialmente por ti. Me ha sido revelado: “Decidle a Majid que solo escriba su número de examen en las hojas; nosotros nos encargaremos del resto”.
También me pidió que no mencionara aquello a nadie hasta que se publicaran los resultados.
La realidad es que todos mis exámenes fueron extremadamente malos. No esperaba aprobar ninguno de ellos.
Pero mi sorpresa fue enorme cuando se anunciaron los resultados: había obtenido 444 puntos y aprobado en segunda división.
Sirat Hazrat Maulana Sher Ali (ra), pp. 253-254.
Buscad y encontraréis a Dios
Hazrat Maulvi Abdul Rahman Yalandhari (ra) relata una experiencia relacionada con la gracia y la benevolencia del Dios Vivo:
En 1908 estudiaba en el Central Training College de Lahore. Entre mis compañeros había hindúes, musulmanes y cuatro o cinco cristianos que recibían formación en la clase S.A.V. Uno de ellos era Yusuf Jamaluddin, un cristiano de origen pastún, licenciado en Artes y director de una escuela misionera en Jalandhar.
Un día aquellos estudiantes cristianos me invitaron a una merienda y me dijeron:
—Has hecho bien en abandonar la religión sij y aceptar el islam. Ahora da un paso más y hazte cristiano. Cuando terminemos nuestra formación recibiremos salarios de trescientas rupias mensuales. ¿Qué salario obtendrás trabajando entre los musulmanes? Apenas cincuenta, sesenta o cien rupias al mes.
Les respondí:
—Busco al Dios Vivo. Si podéis establecer una relación entre Dios y yo, me haré cristiano.
Yusuf Jamaluddin preguntó:
—¿Qué entiendes por Dios Vivo?
Contesté:
—En el Evangelio está escrito: “Llamad y se os abrirá; buscad y encontraréis”. En el Sagrado Corán también se enseña que cuando alguien suplica con verdadera angustia, Dios responde. Si podéis mostrarme esta bendición en el cristianismo, me haré cristiano.
Los estudiantes respondieron:
—Después de los Vedas, el Evangelio y el Sagrado Corán, la puerta de la revelación ha quedado cerrada. Ya no puede haber revelación.
Pregunté entonces:
—¿Dios escucha y ve?
Respondieron:
—Sí, escucha y ve, pero no habla.
Les dije:
—Aquel que escucha y ve también puede hablar.
Respecto a la cuestión planteada, añadí:
—Ahora mismo he recibido una inspiración de que se me mostrará la primera pregunta del próximo examen.
Los estudiantes respondieron:
—Nosotros no hemos oído ninguna inspiración.
Les dije:
—Vuestra sangre espiritual se ha corrompido. Id a Qadian para que sea purificada y también escucharéis la voz de la inspiración.
Dos o tres días después, cuando iba a acostarme, se me mostró en una visión el examen de matemáticas. Lo leí completo, aunque solo pude recordar la primera pregunta, que anoté.
Tres semanas más tarde tuvo lugar el examen trimestral y, efectivamente, la primera pregunta era exactamente la misma que había visto.
Yusuf y los demás quedaron asombrados.
Entre ellos había un hombre llamado Abdul Hamid, licenciado en Artes y ateo. A raíz de aquello llegó a creer en la existencia de Dios. Todavía conservo su testimonio escrito.
Otro estudiante llamado Mumtaz Ali dijo:
—Ha sido una simple coincidencia.
Respondí:
—Vosotros sois cuarenta graduados y mucho más preparados que yo. Dentro de tres meses habrá otro examen. Intentad juntos predecir la primera pregunta como yo he hecho.
Contestaron:
—No podemos aceptar ese desafío.
Les respondí:
—Ahí está precisamente el milagro. Lo que cuarenta personas no pueden hacer en noventa días, yo lo he hecho en apenas dos o tres.
Entonces dijeron:
—Si se manifiesta otro conocimiento oculto, tampoco podremos atribuirlo a la casualidad.
Les respondí:
—Muy bien. Oraré para que Dios revele otro asunto oculto antes de que ocurra.
Poco después recibí la inspiración:
“Es un niño, es un niño, no es una niña.”
Es decir, aquel año Dios nos concedería un hijo varón.
En aquel tiempo también estudiaba allí el respetado Sufi Ghulam Muhammad Sahib (BA), quien más tarde serviría como misionero en Mauricio.
Yusuf y otros estudiantes pidieron discretamente información a Qadian. La esposa de Sufi Sahib respondió por carta que mi esposa llevaba apenas dos o tres meses de embarazo y que informaría cuando naciera el niño.
Cuando se acercaban los exámenes anuales de abril de 1909 llegó la noticia: había nacido un niño y la profecía se había cumplido.
Entonces expliqué:
—Si pasáis quince años adorando en una iglesia, un templo o un santuario y nunca recibís respuesta, debéis comprender que no estáis adorando al Dios Vivo, sino una imagen creada por vosotros mismos.
Dirigiéndome a Yusuf, añadí:
—Si fueras a saludar al director de una institución y él nunca respondiera a tu saludo, ¿seguirías visitándolo?
Respondió:
—Jamás.
Le dije:
—Si adoráis al Dios Vivo, Él responderá sin duda, porque es el Más Misericordioso.
Más adelante les recordé:
—Habéis visto cumplirse varias profecías. Según vuestro compromiso, deberíais aceptar el islam.
Sin embargo, siguieron presentando excusas.
Entonces les pedí al menos que dejaran constancia escrita de aquellos hechos, pero también se negaron.
Finalmente les dije:
—Si no dais testimonio de la verdad, suspenderéis vuestros exámenes.
Y así ocurrió. Todos nosotros aprobamos, mientras que aquellos dos estudiantes suspendieron.
Ashab Ahmad, vol. VII, pp. 73-75, nueva edición.
«No desesperéis de la misericordia de Dios»
Hazrat Chaudhry Amir Muhammad Khan (ra) relata:
Tras pasar largo tiempo bajo tratamiento en el hospital de Hoshiarpur y después de tres operaciones sin que mi pie mejorara, una enfermera muy amable me dijo:
—Si usted lo permite, tendremos que amputarle el pie por el tobillo para evitar que la enfermedad siga extendiéndose.
Consulté con mi familia y finalmente di mi consentimiento.
La enfermera llevó entonces a mi esposa a la sala donde se realizaría la operación.
Pedí permiso para acompañarla, pero me dijeron que permaneciera donde estaba.
Realicé la ablución, comencé a ofrecer oraciones voluntarias y me sumergí en la súplica. Mi corazón se dirigió a Dios diciendo:
—¡Oh Dios! Tú tienes poder sobre todas las cosas. Si quieres, puedes salvar mi pie de la amputación. Si me amputan el pie, cargaré con esta discapacidad toda mi vida. Nada es imposible para Ti.
Mientras me encontraba postrado, profundamente absorto en la oración, escuché una voz que decía:
«No desesperéis de la misericordia de Dios.»
En el mismo instante levanté la cabeza de la postración y vi a la enfermera corriendo hacia mí.
Me dijo:
—El cirujano principal ha decidido limpiar nuevamente la herida y no amputar el pie. Dice que siempre se puede amputar un pie más adelante, pero jamás se puede recuperar uno ya amputado.
Jamás podré agradecer suficientemente la gracia de Dios, que en aquel momento tan delicado me concedió la buena nueva de: «No desesperéis de la misericordia de Dios».
Registro inédito de relatos de los compañeros, vol. 6, pp. 121-122.
La tormenta cesó de repente
Hazrat Maulana Ghulam Rasul Rajeki (ra) relata:
En una ocasión regresaba a mi pueblo después de haber pasado varios días en Qadian, disfrutando de la compañía y la bendita presencia del Mesías Prometido (as). Llegué al conocido embarcadero de Jamke, cerca de Wazirabad, desde donde numerosas embarcaciones cruzaban el río Chenab.
Era ya la última parte de la tarde. Al llegar observé que también había llegado una gran comitiva nupcial que regresaba de una boda. Con ellos viajaba la novia en su palanquín, además de aves, ganado y numerosos acompañantes. También había otros viajeros que deseaban cruzar el río.
Los miembros de la comitiva pidieron a los barqueros que prepararan una embarcación grande para todos los pasajeros. Los barqueros respondieron:
—Es la temporada de los monzones. El río está crecido y el sol está a punto de ponerse. Además, el horizonte parece cargado de polvo. Existe el peligro de que se levante una tormenta. Incluso las autoridades nos han ordenado actuar con extrema precaución en estas circunstancias.
A pesar de las advertencias, las súplicas de los viajeros fueron tan insistentes que los barqueros terminaron aceptando.
Todos embarcamos, incluido yo.
Cuando la embarcación llegó aproximadamente al centro del río, el sol estaba a punto de ocultarse y comenzó a levantarse una fuerte tormenta. En cuestión de momentos se volvió extremadamente violenta.
La embarcación empezó a balancearse peligrosamente y el agua comenzó a entrar.
Los barqueros se alarmaron y dijeron con evidente desesperación:
—Ya no podemos hacer nada. Ahora todos dependemos de la voluntad de Dios. Si Él quiere, pereceremos; si quiere, nos salvará.
En aquel instante comenzaron a escucharse gritos, llantos y súplicas por todas partes.
Al principio los barqueros invocaron a diversos santos y personajes venerados, pero cuando comprendieron que la muerte parecía inevitable, todos comenzaron a clamar únicamente:
—¡No hay más dios que Al’lah! ¡Solo Tú puedes salvarnos! ¡Solo Tú puedes llevar esta embarcación a la orilla!
Aquella situación hizo brotar espontáneamente el verdadero Tauhid de los corazones.
Yo llevaba conmigo varios libros del Mesías Prometido (as) que había traído de Qadian. Ante aquella escena aterradora levanté las manos y oré:
—¡Oh mi Señor! Si todos merecemos perecer en este momento y ninguna súplica puede salvarnos, entonces, por amor a Tu Mesías y por la bendición de estos libros sagrados que escribió para la guía y salvación de la humanidad, haz que esta tormenta se detenga.
Apenas había repetido aquellas palabras una o dos veces cuando la tormenta cesó instantáneamente.
Aunque las oraciones de todos los pasajeros también pudieron haber influido, observé que antes de mi súplica la intensidad del temporal no había disminuido en absoluto. Sin embargo, cuando invoqué a Dios presentando la bendición espiritual de los escritos del Mesías Prometido (as), la tormenta se detuvo de inmediato.
Sentí entonces que aquella liberación milagrosa constituía una manifestación de las bendiciones espirituales del Santo Mesías (as).
Todos dimos gracias a Dios y la embarcación llegó sana y salva a la orilla.
Al-Furqan, mayo de 1960, pp. 15-16.
No temas; Yo soy tu Señor, el Perdonador, el Misericordioso
Hazrat Maulana Muhammad Ibrahim Baqapuri (ra) relata:
El 9 de enero de 1958 sufría una fuerte gripe y, debido al malestar, expresé algunas palabras de inquietud, aunque en realidad estaba preparado para partir hacia Dios cuando Él lo dispusiera.
Poco después me quedé adormecido.
En aquel estado contemplé una visión. Parecía haber una especie de túnel en una montaña. Yo me encontraba en la entrada y, en el interior, veía a Dios Altísimo sentado majestuosamente sobre un trono luminoso, vestido de blanco.
Tras escuchar mis palabras de preocupación, me dijo:
“No temas; Yo soy tu Señor, el Perdonador, el Misericordioso.”
Al escuchar estas palabras desperté inmediatamente.
Toda mi ansiedad había desaparecido y mi corazón estaba lleno de paz y alegría.
Alabado sea Dios por ello.
Hayat Baqapuri, vol. III, p. 144.
Un ángel de hermoso aspecto vino a mí
Hazrat Maulvi Fazl Ilahi (ra) relata:
Uno de los beneficios espirituales que obtuve gracias a la bendita compañía del Mesías Prometido (as) fue el siguiente:
Un día, después de la oración de Tahayud, estaba postrado realizando súplicas cuando entré en un estado de somnolencia espiritual que tenía el carácter de una visión.
Vi entonces a un ángel de hermoso aspecto acercarse a mí. En una mano sostenía una hermosa vasija llena de agua cristalina y en la otra una bella cuchilla.
Me dijo:
—He venido para purificar tu interior.
Le respondí:
—Muy bien. Hazlo como consideres oportuno.
Entonces abrió mi pecho con la cuchilla y comenzó a limpiarlo con aquella agua pura. Durante todo el proceso no sentí dolor alguno ni experimenté temor.
Cuando terminó y se marchó, pensé:
—Dentro de poco tendré que ofrecer la oración del Fayar. Mi cuerpo ha sido abierto; ¿cómo podré rezar?
Moví los pies para comprobar mi estado y advertí que no sentía ninguna molestia.
Entonces recuperé plenamente la conciencia y ofrecí la oración del Fayar.
Después de esta experiencia, gracias al amor y la bendición recibidos del Mesías Prometido (as), obtuve numerosos beneficios espirituales que jamás había experimentado anteriormente.
Registro de relatos, n.º 12, pp. 322-323.
Se convirtió en un acontecimiento histórico
El respetado Bashir Ahmad Rafiq Sahib escribe:
Hazrat Chaudhry Muhammad Zafrulla Khan (ra) solía relatar diversos episodios de aceptación de sus oraciones.
Uno de ellos fue el siguiente:
Cuando fue elegido presidente del séptimo periodo de sesiones de las Naciones Unidas, comenzó a preocuparse profundamente porque aún no había estudiado detalladamente el reglamento y los procedimientos de la Asamblea.
Además, el embajador de Afganistán ante las Naciones Unidas era famoso por plantear continuamente cuestiones de procedimiento y obligar a los presidentes de sesión a consultar constantemente las normas.
Hazrat Zafrulla Khan (ra) relata:
—Oré con gran humildad y fervor: “¡Oh Dios! Manifiesta Tu poder y ayúdame en esta responsabilidad”.
Más tarde explicaba con gran emoción que Dios respondió de forma extraordinaria a aquella súplica.
Durante todo el año de su presidencia no se presentó ni una sola cuestión de procedimiento.
Por esta razón, aquel periodo de sesiones adquirió también una importancia histórica.
Chand Yadain, pp. 51-52.
Vi a Dios tan cerca como si se hubiera aproximado a mí
Hazrat Maulana Muhammad Ibrahim Baqapuri (ra) relata:
El 1 de julio de 1938 acompañé a Muhammad Ishaq para solicitar su ingreso en la Escuela de Medicina de Amritsar.
Al llegar descubrimos que numerosos estudiantes con títulos de FA y BA también aspiraban a ingresar. Muchos procedían de familias influyentes y contaban con importantes recomendaciones.
Aquello me preocupó enormemente.
Había aproximadamente 200 candidatos y yo no tenía ningún apoyo humano aparte de Dios Altísimo.
Aquella noche oré intensamente y luego me dormí.
En sueños vi al ángel Gabriel (as), quien me tranquilizó respecto a la admisión de Muhammad Ishaq y me aseguró que sería aceptado.
Lo vi como un joven fuerte y hermoso, de unos treinta o treinta y dos años de edad.
A la mañana siguiente transmití esta tranquilidad a Muhammad Ishaq.
Cuando comenzó la entrevista me situé cerca de una ventana desde donde podía observar a los examinadores.
Vi cómo aceptaban a algunos candidatos y rechazaban a otros.
Cuando Muhammad Ishaq entró en la sala, me sentí profundamente emocionado y empecé a orar.
En ese momento vi a Dios Altísimo tan cerca como si se hubiera aproximado a mí.
Quedé completamente absorto en aquella experiencia espiritual.
La vista de Muhammad Ishaq fue considerada adecuada, pero cuando le hicieron una revisión física dijeron:
—Es demasiado débil.
Y lo rechazaron.
Muhammad Ishaq rompió a llorar.
Yo supliqué:
—¡Oh Dios! Ahora es el momento de manifestar Tu poder y Tu misericordia.
En ese mismo instante otro médico pidió que regresara.
Lo examinó nuevamente y dijo:
—No, admitidlo.
Y así fue aceptado.
Algunas personas que habían presenciado mis oraciones comentaron:
—Este hombre ha conseguido la admisión de su hijo gracias a la oración.
Hayat Baqapuri, parte I, p. 198.
La manifestación de la luz divina
Hazrat Maulvi Muhammad Husain Sahib, conocido como “el de la turbante verde”, relata:
En 1925 me encontraba en Nagla Khanu, distrito de Etah, trabajando en la campaña de tabligh entre los musulmanes malkana.
Durante el mes de Ramadan guardaba los ayunos y, después de la oración del Asr del día 20 de Ramadan, entré en retiro espiritual (Itikaf).
La noche del día 27, mientras ofrecía la oración de Tahayud y recitaba la súplica del Qunut, me sobrevino un estado de somnolencia espiritual.
Entonces vi una luz que emanaba con extraordinaria belleza.
Era una luz blanca con un suave matiz verdoso.
Su intensidad aumentó tanto que sentí que, de hacerse más fuerte, perdería el conocimiento.
Espontáneamente exclamé:
—¡Basta, basta, basta!
Un encargado de la mezquita que acababa de traerme la comida escuchó mis palabras y se alarmó.
Cuando levantó la cortina me encontró ya postrado.
Después de concluir la oración me preguntó:
—¿A quién le estaba diciendo “basta, basta, basta”?
Le respondí:
—Durante mucho tiempo he suplicado a Dios: “¡Oh Señor! Cuando oramos, ¿qué debemos imaginar ante nosotros? A algunos de Tus siervos les mostraste Tu luz y a otros les revelaste Tu existencia de diversas maneras. Si nos concedieras también una manifestación semejante, nuestra fe aumentaría”.
Tras años de oración, Dios me mostró hoy una manifestación de Su luz y comprendí que ningún ser humano puede soportar plenamente la intensidad del resplandor divino.
Por eso Dios habla con Sus siervos desde detrás de un velo.
La alegría espiritual que experimenté al contemplar aquella luz fue tan inmensa que incluso hoy, al recordarla, siento la misma felicidad.
Meri Yadain, parte I, pp. 237-238.
Aquel con quien Dios no habla no es musulmán
Hazrat Khair Din Sahib (ra) escribe:
En una ocasión pregunté a Dios:
—¿Cuál es el mejor medio para alcanzar Tu cercanía?
Recibí esta respuesta:
—Existen dos caminos para obtener Nuestra cercanía: contribuir económicamente en la causa de Dios o realizar tabligh. Ambos Nos complacen.
Respondí:
—¡Oh Dios! No tengo mucha educación. ¿Cómo podría dedicarme al tabligh?
Entonces recibí esta respuesta:
—Nosotros te hemos enseñado el Sagrado Corán.
En ese momento comprendí una experiencia anterior. Cuando vivía en mi pueblo, el Mesías Prometido (as) se me apareció en sueños y me dijo:
—Ven a Qadian. Te enseñaremos el Sagrado Corán.
Ahora Dios me recordaba el cumplimiento de aquella promesa.
Posteriormente añadió:
—¿No has leído en el Corán las historias de Aad y Zamud? Basta con leerlas a la gente para advertirles de las consecuencias de desobedecer a los profetas.
Más adelante también recibí otra inspiración:
—Come mucha mantequilla.
Pregunté qué significaba.
Tres días después recibí la explicación:
—Con “mantequilla” queremos decir: ora mucho.
También escuché estas palabras en panyabí:
—La casa donde se hacen oraciones vive en bendición.
Y después oí claramente:
“Aquel con quien Dios no habla no es musulmán.”
Concluye diciendo:
Estas cosas están más allá de mi capacidad personal. Son manifestaciones de la luz de la profecía. Por eso repito las palabras del Mesías Prometido (as):
Soy esa agua que descendió del cielo en el momento oportuno;
soy esa luz de Dios que convirtió la noche en día.
Registro de relatos, n.º 7, p. 155.
Conclusión: establecer una relación viva con Dios
Hazrat Jalifatul Masih V (aba) afirma:
“Dios Altísimo, conforme a Su promesa, ha seguido concediendo al Mesías Prometido (as) personas que brillan como estrellas y que continúan guiando a la humanidad.
Por ello, cada ahmadí repartido por la faz de la tierra debe esforzarse por establecer una relación viva con Dios mediante la oración y la adoración, para formar parte de esos escogidos que resplandecen como estrellas luminosas.
Todo ahmadí debe recordar siempre la enseñanza del Mesías Prometido (as): ‘Sed guías espirituales, no adoradores de guías espirituales’, y ‘Sed amigos de Dios, no adoradores de amigos de Dios’.
Que Dios nos conceda la capacidad de seguir al Sello de los Jalifas, embellecer nuestras adoraciones y continuar presenciando manifestaciones de la aceptación de las oraciones.”
Jutbat Masrur, vol. 4, p. 457.
Muhammad Anwar Shehzad
Traducido por Kaleem Ahmed
Preguntas frecuentes
¿Cuál es el tema principal de este artículo?
El artículo trata sobre la fe en el Dios Vivo, la aceptación de las oraciones, la revelación divina y las bendiciones espirituales manifestadas por medio del Mesías Prometido (as) y sus seguidores.
¿Quién es el Mesías Prometido (as)?
El Mesías Prometido (as) es Hazrat Mirza Ghulam Ahmad de Qadian, fundador de la Comunidad Ahmadía del Islam, quien afirmó haber sido enviado por Dios como Mesías y Mahdi de la época.
¿Qué significa que Dios es un Dios Vivo?
Significa que Dios Altísimo no es una idea abstracta ni una realidad del pasado, sino que escucha, responde a las oraciones, guía a Sus siervos y concede experiencias espirituales a quienes se vuelven a Él con sinceridad.
¿Qué papel tiene la oración en estos relatos?
La oración aparece como el medio central para establecer una relación viva con Dios. En los relatos se presentan casos de protección, ayuda económica, guía espiritual, aceptación de súplicas y consuelo divino.
¿Estos relatos pertenecen a la Comunidad Ahmadía?
Sí. Los testimonios proceden de compañeros y seguidores del Mesías Prometido (as), así como de figuras destacadas de la Comunidad Ahmadía del Islam.