Ramadán: el camino que lleva a Dios
Para comprender mejor este tema, puede consultar nuestra guía principal sobre Quién es Al-lah.
Su Santidad el Jalifa citó el versículo 187 del capítulo 2 del Sagrado Corán en el comienzo de su sermón del 10 de agosto de 2012: “Cuando Mis siervos te preguntan por Mí, diles: estoy cerca. Respondo a la plegaria del que suplica cuando Me invoca. Por tanto, deben escucharme y creer en Mí para que puedan seguir el camino recto.”
Los primeros 20 días de Ramadán han pasado a una velocidad de rayo. Esto, sin duda, debe alentar a todo creyente para que aproveche los últimos diez días restantes. Si un áhmadi no se preocupa al respecto, su lealtad al Mesías Prometido (a.s.) será vana. Este último ha augurado una gran revolución: él vino a establecer el vínculo entre Dios y los hombres, para que, a través de ello, puedan mejorar de su estado espiritual.
El Ramadán es una del más importante y más benditas ocasiones para lograr este objetivo. Afortunados son aquellos en los que el Ramadán ha creado este deseo de cambio y que luchan en este sentido. Pero estos esfuerzos darán sus frutos cuando se siga el método prescrito por Dios.
Contentarse con la forma que representan las prácticas de culto como el ayuno y la oración no es suficiente. Estos rituales son sin duda importantes porque son el camino para llegar a Dios. Se llama la atención de aquellos que se contentan con unas pocas sesiones de dhikr y recitación de algunos cánticos. Esto no es la ibádah prescrita por la Sunnah del Santo Profeta Mohammad (s.a.w.) Sin embargo, estos ritos deben operar cambios internos.
En el versículo citado más arriba, Al-lah menciona el método a seguir para ganar su amor. Es alcanzando este estado que el hombre será considerado como un verdadero creyente. Este versículo también pone de relieve el amor que siente Dios por sus siervos. También nos hace entender el hadiz del Santo Profeta Mohammad (s.a.w.) en el que declara que Dios dijo: “El que avanza hacia Mí la distancia de una mano, Me acerco a él un codo, el que avanza hacia Mí un codo, Me acerco a él un brazo, y cuando camina hacia mí, Yo corro hacia él.”
Diciendo ‘Ibadi (Mis siervos) Al-lah expresa su amor por el creyente; esto también nos hace comprender que Dios no va a responder a las oraciones de todos. Aquellos que no dan ni un solo paso en la dirección de Dios no pueden ser considerados como su ‘Ibad. La palabra Abd (siervo o esclavo) se aplica a aquellos que entienden el propósito de la creación del hombre y se esfuerzan por alcanzarlo. Esto fue mencionado en el versículo: «He creado el Yinn1 y los hombres para que Me adoren» Para merecer el título de Siervo de Dios hay que realizar un progreso perpetuo en el campo de la ibadah.
En cuanto a aquellos que se esfuerzan por ser siervos, Dios que sepan que en estos días Él se acerca más de los
creyentes. Durante los días ordinarios Dios está más cerca del hombre que su vena yugular y al cielo más bajo para aquellos que se despiertan por la noche para realizar la oración Tah2allud; pero durante de Ramadán Su Gracia y su Misericordia toman un aspecto muy diferente. Dichosos son los que lo aprovechan al máximo y se esfuerzan por ser verdaderos servidores de Dios durante el Ramadán. Pero nos limitamos a esfuerzos temporales, la vida no será de ninguna utilidad.
El Mesías Prometido (a.s.) dice que Dios concederá un respiro temporal a aquellos que sólo se preocupan de este mundo efímero y dejan de lado el objetivo de sus vidas: pasado este periodo será llevado a la destrucción. El hombre debe sentir esta inquietud que le impulsa a buscar la cercanía a Dios. Esto no significa en absoluto que debemos sentarnos cruzados de mano y sin sustento. Los dos van de la mano: el hombre ciertamente tiene que trabajar, pero tampoco debe olvidar el propósito de su creación.
Este deseo de acercarse a Dios se transformará en realidad cuando el creyente progrese en su fe y responda la llamada de Dios. Siendo débil, el hombre pasa por altibajos, pero tan pronto como siente una cierta laxitud, debe remediarla de inmediato. El tawba3 y el istighfar4 se hacen en esos momentos.
No hay que contentarse con cumplir buenas acciones durante el Ramadán para olvidarlas el resto de los días del año. Estas acciones darán sus frutos si se realizan durante el Ramadán, durante los otros meses y hasta el próximo Ramadán. Cuando decidimos reformarnos, también tenemos que hacer esfuerzos significativos en este sentido. El siguiente versículo del Sagrado Corán menciona el método a seguir para lograr este objetivo:
صبغة الله ومن أحسن من الله صبغة ونحن له عابدون
Decid: “Nosotros adoptaremos la religión de Al-lah, ¿quién posee mejores atributos que Al-lah? Y a Él sólo adoramos.” (El Sagrado Corán, capítulo 2, versículo 139)
El hombre debe adornarse con el color de Dios, es decir, hacer nacer en él los atributos divinos, realizar obras que agradan a Dios y preservarse de cualquier acción censurable.
En un círculo restringido, el hombre puede manifestar los atributos de Malikiyya5, Rahmaniyya6, Rahimiyya7, y Rabubiyya8. Hay muchos casos, pero estas personas no lo hacen con la intención de adornarse con el color de Dios. El caso del creyente es diferente, pues anuncia en el versículo: “Y a Él solo adoramos” La acción eminentemente importante es rendir culto a Dios, ser Su siervo. Esto no debe hacerse únicamente durante un mes, sino durante los otros días del año.
En el versículo ya citado, Al-lah declara: “deben escucharme.”; así que el creyente debe entender sus responsabilidades y hacer buenas obras. Entre las cuales está amonestar el bien y prohibir el mal. Esto solo será posible cuando haga a cada momento su análisis de conciencia y aplique en su persona estos principios.
Esto nos lleva a lo que dice el Sagrado Corán: «a la vista de Al-lah es sumamente odioso que digáis lo que no hacéis.» (El Sagrado Corán, capítulo 61, verso 4). Durante estos días todos los responsables del poder ejecutivo, los Waqifine Zindagui9 y los áhmadis en general deben hacer su introspección. Cuando la persona prodiga consejos tiene que ver primero los efectos en sí misma. Esta responsabilidad concierne a todos los creyentes, pero aquellos que tienen la tarea de ordenar el bien y prohibir el mal serán capaces de cumplirlo cuando sus intenciones sean puras.
Si hay mejoría en la ibad10ah solo durante el Ramadán, las palabras y las acciones de los responsables serán contradictorias. Por el contrario, si van a la mezquita con regularidad, ello será dos o tres veces más completo que antes.
El Sagrado Corán nos ordena ser justos y decir la verdad aún en reprimenda de uno mismo, de sus padres o de sus familiares. Pero la realidad es muy diferente. Por un lado, queremos que nuestras oraciones sean aceptadas y que seamos de entre los siervos de Dios, pero cuando llega el momento de dar testimonio, hacemos todo lo posible para lustrar a los propios familiares – que son culpables – y culpar a los demás.
En ocasiones, el Jalifa recibe quejas acerca de ciertos responsables o a cerca de algunas deficiencias durante la Jalsa Salana. Sin embargo, una vez informados, en lugar de poner remedio a la situación, los responsables concernientes ponen en marcha una cacería en contra de la persona que presentó la queja. Esta no es su función, si hay deficiencias habrá que deshacerse de ellas. De lo contrario, que imploren el perdón a Dios, pidiéndole que les proteja de las consecuencias de sus debilidades. Corresponde al Jalifa responder a la persona que presenta la queja. Las cartas anónimas no reciben ningún seguimiento en la Yama’at.
En la mayoría de los casos, el Jalifa informa a los responsables sobre la persona que presenta la queja, pero a veces este último es objeto de persecución. Este tipo de acción va en contra de la Taqwa y en contra del puesto que os ha sido confiado. Así que en todos los niveles, debemos hacer todo lo posible para seguir los preceptos de Dios. Hay que perfeccionar nuestra fe, ser humilde, reducir a polvo esos ídolos que son el orgullo y la arrogancia.
Hay que hacer prueba de indulgencia, también evitar las murmuraciones. También hay que ampliar el círculo de los vecinos y poner fin a todas las formas de desacuerdo. El chismorreo es un enorme pecado, Dios dice que es como consumir la carne del hermano muerto. Sin embargo, muchos de nosotros somos culpables de ello. Cuando se les dice que se trata de chismes, dicen que el blanco de sus ataques son estos defectos. En algunas casas, se hacen reuniones para criticar a los responsables. El Santo Profeta Mohammad (s.a.w.) dijo que si mencionamos un defecto de nuestro hermano en su ausencia es chismorreo, y si no hay en él dicho fallo es una calumnia. ¡Que Dios nos proteja de ello!
SERMON DEL VIERNES 10/08/2012