El recuerdo de Al-lah: importancia y bendiciones

El recuerdo de Al-lah
Autor: Rana Ghulam Mustafa
Traducción al español: Kaleem Ahmed
Publicado originalmente en urdu: Al Fazl Online, 14 de julio de 2020.

El recuerdo de Al-lah y su importancia en el islam

Insiste en el recuerdo de Dios y sigue disipando la oscuridad del corazón;

conviértete en una joya que ilumine la noche y sigue resplandeciendo en el mundo.

Al-lah, Bendito y Exaltado, declara en el Sagrado Corán:

فَاذْكُرُونِي أَذْكُرْكُمْ وَاشْكُرُوا لِي وَلَا تَكْفُرُونِ

«Recordadme, pues, y Yo os recordaré; sedme agradecidos y no seáis ingratos conmigo»

(Corán 2:153)

Anunciando el éxito que se obtiene mediante el recuerdo de Al-lah, el Altísimo declara:

وَاذْكُرُوا اللّٰهَ كَثِيرًا لَعَلَّكُمْ تُفْلِحُونَ

«… y acordaos mucho de Al-lah para que triunféis».

(Corán 8:46)

Cuando una persona recuerda mucho a Al-lah, Sus atributos se iluminan en su corazón, y su fe y su valor aumentan.

(Tafsir-e-Saghir, pág. 292)

Al-lah declara:

فِي بُيُوتٍ أَذِنَ اللّٰهُ أَنْ تُرْفَعَ وَيُذْكَرَ فِيهَا اسْمُهُ يُسَبِّحُ لَهُ فِيهَا بِالْغُدُوِّ وَالْآصَالِ

«Esta luz está ahora encendida en casas que Al-lah ha ordenado que sean exaltadas y sea recordado en ellas Su nombre. Glorificadle allí por las mañanas y por las tardes».

(Corán 24:37)

Hazrat Abu Musa (ra) relata que el Santo Profeta Muhammad (sa) dijo:

مَثَلُ الْبَيْتِ الَّذِي يُذْكَرُ اللّٰهُ فِيهِ وَالْبَيْتِ الَّذِي لَا يُذْكَرُ اللّٰهُ فِيهِ مَثَلُ الْحَيِّ وَالْمَيِّتِ

«La casa en la que se recuerda a Al-lah y la casa en la que no se Le recuerda son como el vivo y el muerto».

(Sahih Muslim, Libro de la Oración de los Viajeros, Hadiz 779)

El cuarto Jalifa, Hazrat Mirza Tahir Ahmad (rh), dijo:

«Hagan resonar con frecuencia el recuerdo de Al-lah también en sus hogares, y exhorten una y otra vez a sus hijos a practicarlo, para que cada hogar se convierta en cuna del recuerdo de Dios».

(Khutbat-e-Tahir, vol. 1, pág. 287)

Jamás se angustia el corazón que guarda Su recuerdo;

nunca queda desolado el hogar donde se pronuncia Su nombre.

El recuerdo de Al-lah da vida al corazón

Hazrat Abu Musa al-Ash'ari (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo:

مَثَلُ الَّذِي يَذْكُرُ رَبَّهُ وَالَّذِي لَا يَذْكُرُ مَثَلُ الْحَيِّ وَالْمَيِّتِ

«Quien recuerda a su Señor y quien no Lo recuerda son como el vivo y el muerto».

(Sahih al-Bujari, Libro de las Súplicas, Hadiz 6407)

Hazrat Abu Huraira (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo:

«Los ángeles de Al-lah recorren los caminos en busca de quienes Lo recuerdan. Cuando encuentran a un grupo de personas que recuerdan a Al-lah, se llaman unos a otros: "¡Vengan a lo que buscan!". Luego los rodean hasta el cielo más cercano.

Su Señor les pregunta —aunque Él lo sabe mejor que ellos—:

—¿Qué dicen Mis siervos?

Los ángeles responden:

—Te glorifican, Te alaban y proclaman Tu grandeza.

Al-lah pregunta:

—¿Me han visto?

—¡Oh, Al-lah! No, no Te han visto.

—¿Y cómo serían si Me vieran?

—Si Te vieran, Te adorarían aún más, proclamarían Tu grandeza con mayor fervor y Te glorificarían con más frecuencia.

—¿Y qué Me piden?

—Te piden el Paraíso.

—¿Han visto Mi Paraíso?

—¡Oh, Al-lah! No, no lo han visto.

—¿Y cómo serían si lo vieran?

—Si lo vieran, lo anhelarían y lo desearían con mucha más intensidad.

—¿Y de qué buscan refugio?

—Del Fuego.

—¿Lo han visto?

—¡Oh, Al-lah! No, no lo han visto.

—¿Y cómo serían si lo vieran?

—Si lo vieran, lo temerían todavía más y huirían de él con más empeño.

Entonces Al-lah dice:

—Los tomo a ustedes por testigos de que los he perdonado: por lo que hacían, por su anhelo del Paraíso y por su temor al Fuego.

Uno de los ángeles dice:

—Entre ellos había uno que no era de los suyos; solo había llegado por alguna necesidad personal.

Al-lah responde:

—Son personas tales que ni siquiera quien se sienta con ellas queda desamparado. A él también lo perdono».

(Sahih al-Bujari, Libro de las Súplicas, Hadiz 6408)

Al-lah recuerda a quienes Lo recuerdan

Hazrat Abu Huraira (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo que Al-lah, Bendito y Exaltado, declara:

أَنَا عِنْدَ ظَنِّ عَبْدِي بِي وَأَنَا مَعَهُ إِذَا ذَكَرَنِي فَإِنْ ذَكَرَنِي فِي نَفْسِهِ ذَكَرْتُهُ فِي نَفْسِي وَإِنْ ذَكَرَنِي فِي مَلَإٍ ذَكَرْتُهُ فِي مَلَإٍ خَيْرٍ مِنْهُمْ وَإِنْ تَقَرَّبَ إِلَيَّ بِشِبْرٍ تَقَرَّبْتُ إِلَيْهِ ذِرَاعًا وَإِنْ تَقَرَّبَ إِلَيَّ ذِرَاعًا تَقَرَّبْتُ إِلَيْهِ بَاعًا وَإِنْ أَتَانِي يَمْشِي أَتَيْتُهُ هَرْوَلَةً

«Trato a Mi siervo conforme a lo que él piensa de Mí, y estoy con él cuando Me recuerda. Si Me recuerda en su interior, Yo lo recuerdo en Mi interior; si Me recuerda en una reunión, Yo lo recuerdo en una reunión mejor que la suya (es decir, la de los ángeles cercanos a Mí). Si se acerca a Mí un palmo, Yo Me acerco a él un codo; si se acerca a Mí un codo, Yo Me acerco a él una braza; y si viene a Mí caminando, Yo voy a él corriendo».

(Sahih al-Bujari, Libro de la Unicidad, Hadiz 7405)

Hazrat Abu Huraira (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo:

سَبْعَةٌ يُظِلُّهُمُ اللّٰهُ … رَجُلٌ ذَكَرَ اللّٰهَ فَفَاضَتْ عَيْنَاهُ

«Al-lah cobijará bajo Su sombra a siete personas el Día de la Resurrección. Una de ellas es el hombre que recuerda a Al-lah en soledad y cuyos ojos se llenan de lágrimas», ya sea por amor a Al-lah o por temor reverencial a Él.

(Sahih al-Bujari, Libro de lo que Ablanda los Corazones, Hadiz 6479)

Hazrat Abu Huraira (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo que Al-lah declara:

أَنَا مَعَ عَبْدِي حَيْثُمَا ذَكَرَنِي وَتَحَرَّكَتْ بِي شَفَتَاهُ

«Estoy con Mi siervo dondequiera que Me recuerde y mientras sus labios se muevan pronunciando Mi nombre».

(Sahih al-Bujari, Libro de la Unicidad, capítulo «No muevas tu lengua con él»)

Asimismo, Hazrat Abu Huraira (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo:

إِنَّ اللّٰهَ عَزَّ وَجَلَّ يَقُولُ أَنَا مَعَ عَبْدِي إِذَا هُوَ ذَكَرَنِي وَتَحَرَّكَتْ بِي شَفَتَاهُ

«Al-lah, Poderoso y Majestuoso, dice: "Estoy con Mi siervo mientras Me recuerda y mientras sus labios se mueven con Mi recuerdo"».

(Sunan Ibn Mayah, Libro de los Modales, Hadiz 3792)

Hazrat Abdul-lah bin Busr (ra) relata que un hombre dijo al Santo Profeta (sa): «¡Oh, Mensajero de Al-lah! Los preceptos del islam se me han vuelto demasiados. Indícame algo a lo que pueda aferrarme». Él respondió:

لَا يَزَالُ لِسَانُكَ رَطْبًا مِنْ ذِكْرِ اللّٰهِ

«Que tu lengua no deje nunca de estar húmeda con el recuerdo de Al-lah».

(Yami at-Tirmidhi, Libro de las Súplicas, Hadiz 3375)

El ejemplo del Santo Profeta (sa)

El modelo más perfecto lo dio nuestro señor y maestro, el Santo Profeta Muhammad (sa). Hazrat Aisha (ra) relata:

كَانَ رَسُولُ اللّٰهِ ﷺ يَذْكُرُ اللّٰهَ عَلَى كُلِّ أَحْيَانِهِ

«El Mensajero de Al-lah (sa) recordaba a Al-lah en todo momento».

(Sahih Muslim, Libro de la Menstruación, Hadiz 373; citado también en Sahih al-Bujari, Libro de la Llamada a la Oración)

Hazrat Uthman bin Affan (ra) relata haber oído al Santo Profeta (sa) decir que quien recite tres veces al anochecer la siguiente súplica no sufrirá ninguna desgracia repentina hasta el amanecer, y quien la recite tres veces al amanecer no sufrirá ninguna desgracia repentina hasta el anochecer:

بِسْمِ اللّٰهِ الَّذِي لَا يَضُرُّ مَعَ اسْمِهِ شَيْءٌ فِي الْأَرْضِ وَلَا فِي السَّمَاءِ وَهُوَ السَّمِيعُ الْعَلِيمُ

«En el nombre de Al-lah, con cuyo nombre nada en la tierra ni en el cielo puede causar daño. Él es Quien todo lo oye, el Omnisciente».

(Sunan Abu Dawud, Libro de los Modales, Hadiz 5088)

Hazrat Abdur-Rahman bin Abi Bakrah dijo a su padre: «Padre mío, te oigo recitar cada mañana esta súplica:

اللّٰهُمَّ عَافِنِي فِي بَدَنِي، اللّٰهُمَّ عَافِنِي فِي سَمْعِي، اللّٰهُمَّ عَافِنِي فِي بَصَرِي، لَا إِلٰهَ إِلَّا أَنْتَ

“¡Oh, Al-lah! Concédeme bienestar en mi cuerpo. ¡Oh, Al-lah! Concédeme bienestar en mi oído. ¡Oh, Al-lah! Concédeme bienestar en mi vista. No hay más dios que Tú”.

La repites tres veces por la mañana y tres veces por la tarde». Su padre respondió: «Vi al Mensajero de Al-lah (sa) recitarla, y me gusta seguir su Sunnah».

(Sunan Abu Dawud, Libro de los Modales, Hadiz 5090)

La verdadera finalidad del recuerdo de Al-lah según el Mesías Prometido (as)

Hazrat Mirza Ghulam Ahmad, el Mesías Prometido (as), explica así la verdadera finalidad del recuerdo de Al-lah:

«El verdadero propósito del recuerdo de Al-lah es que el ser humano no olvide a Al-lah y Lo tenga siempre presente ante sí. Así se mantendrá a salvo del pecado.

En Tadhkirat al-Awliya se cuenta que un comerciante compró mercancía por valor de setenta mil y vendió por otros setenta mil, y sin embargo no se apartó de Dios ni un instante.

Recuerden, pues, que los siervos perfectos de Al-lah son aquellos de quienes Él dice:

لَا تُلْهِيهِمْ تِجَارَةٌ وَلَا بَيْعٌ عَنْ ذِكْرِ اللّٰهِ

“… ni el comercio ni los negocios les apartan del recuerdo de Al-lah” (Corán 24:38).

Cuando el corazón establece una relación verdadera y un amor profundo con Al-lah, ya no se separa de Él. Puede entenderse con este ejemplo: si el hijo de alguien está enfermo, vaya adonde vaya y se ocupe en lo que se ocupe, su corazón y su atención seguirán puestos en ese niño. Del mismo modo, quienes establecen una relación verdadera y un amor sincero con Al-lah no Lo olvidan en ninguna circunstancia.

Por eso dicen los sufíes que el llanto de la gente común no encierra tanta recompensa como la sonrisa de quien conoce a Dios. Incluso esa sonrisa es glorificación, porque está teñida del amor de Al-lah.

Este es el sentido y el propósito del islam: que el ser humano ponga su cabeza en el umbral de la Divinidad».

(Malfuzat, vol. 4, pág. 15)

Asimismo, el Mesías Prometido (as) dijo:

«الَّذِينَ يَذْكُرُونَ اللّٰهَ قِيَامًا وَقُعُودًا وَعَلَىٰ جُنُوبِهِمْ

«Quienes recuerdan a Al-lah de pie, sentados y recostados» (Corán 3:192)

En este versículo, Al-lah expone otro aspecto: solo poseen verdadero entendimiento y sano juicio quienes recuerdan a Al-lah, glorioso sea Su nombre, al levantarse y al sentarse. No debe pensarse que la inteligencia y la sabiduría se adquieren sin más. No es así. La verdadera perspicacia y la verdadera sabiduría no pueden alcanzarse sin volverse hacia Al-lah».

(Malfuzat, vol. 1, pág. 41)

Las enseñanzas de los Jalifas sobre el recuerdo de Al-lah

El primer Jalifa, Hazrat Hakim Maulana Nuruddin (ra)

«Donde hay reverencia por la grandeza de Al-lah y se Le recuerda, la gracia divina desciende en abundancia».

(Khutbat-e-Nur, pág. 53)

También dijo:

«Si recuerdan a Al-lah durante la noche, su alma establecerá un vínculo profundo con Él. Si el creyente presta siquiera un poco de atención, todas sus dificultades se resolverán con facilidad».

(Haqa'iq al-Furqan, vol. 4, págs. 231-232)

Hagan también del recuerdo un hábito, pues no es posible

llevar en el corazón el amor del Amado y no tener Su nombre en los labios.

El segundo Jalifa, Hazrat Mirza Bashiruddin Mahmud Ahmad (ra)

«Cuando recuerden a Al-lah, Él también los recordará. Los honrará con Su cercanía y Su revelación, y dispondrá los medios para reformarlos a ustedes y a su pueblo.

Por eso, entre las palabras que el Santo Profeta (sa) indicó recitar en el segundo sermón del viernes figuran estas:

اُذْكُرُوا اللّٰهَ يَذْكُرْكُمْ

“Recuerden a Al-lah y Él los recordará”.

Asimismo, el Sagrado Corán dice: fadhkuruni adhkurkum (Corán 2:153), es decir: “Recuérdenme y, como consecuencia, Yo también los recordaré”; les daré un lugar cerca de Mí y los ayudaré en cada aflicción y en cada desgracia.

Es evidente que quien alcanza la cercanía de Al-lah se libra de muchos males, y el trato de Dios con él se vuelve de amor y de cariño. Por esa razón el islam ha puesto tanto énfasis en el recuerdo de Al-lah y en la adoración en todas las reuniones.

Vean: cuando vamos al Hach, allí se recuerda a Al-lah; en las oraciones de los dos Eid, allí se recuerda a Al-lah; cuando asistimos a una boda, allí se recuerda a Al-lah; y cuando asistimos a un funeral, allí también se recuerda a Al-lah. Es decir, la receta que dio el Santo Profeta (sa) para que todas nuestras reuniones sean bendecidas es que en ellas abunden el recuerdo de Al-lah y la adoración. Por eso dijo el Santo Profeta (sa) que los ángeles de Dios descienden a toda reunión en la que se recuerda a Dios.

Así pues, es deber del creyente emplear su tiempo de tal modo que el recuerdo de Al-lah fluya siempre en su lengua y que sienta apego y deseo por la Oración.

Recordar a Al-lah es como encender un interruptor: si se enciende, se hace la luz; si no se enciende, todo sigue a oscuras. Del mismo modo, sin el recuerdo de Al-lah el alma no se ilumina.

Cultiven, pues, el hábito del recuerdo de Al-lah, para que crezca su relación con Dios, nazca en ustedes la determinación, su mirada adquiera fuerza de influencia y hasta en el corazón del enemigo se asiente el respeto hacia ustedes, de modo que él mismo exclame: “Esta gente es, de verdad, la encarnación de la espiritualidad”».

(Tafsir-e-Kabir, vol. 7, págs. 653-654)

El cuarto Jalifa, Hazrat Mirza Tahir Ahmad (rh)

«Presten, pues, especial atención al recuerdo de Al-lah. El recuerdo de Al-lah supera a cualquier otro recuerdo, y no se limita a la Oración, sino que continúa después de ella.

Si adornan su corazón con el recuerdo de Al-lah, de forma natural no podrán inclinarse hacia las conversaciones vanas. Es imposible que una persona esté recordando a Al-lah y, al mismo tiempo, diga frivolidades; si las dice, es señal de que el recuerdo de Al-lah no está en su corazón, porque de ese recuerdo brota una palabra pura, y Al-lah toma el control de la lengua del ser humano».

(Khitabat-e-Tahir, discursos inaugurales de la Jalsa Salana, vol. 2, pág. 450)

También dijo:

«El recuerdo de Al-lah es la virtud que reemplaza a la impureza de la lengua. Por eso, perfumen su boca con el recuerdo de Al-lah, y los males, los insultos y las palabras obscenas empezarán a desaparecer por sí solos.

Si a alguien solo le dicen “no insultes”, no abandonará ese mal hábito. Por eso, dirijan su atención hacia el recuerdo de Al-lah y hacia el Durud (la invocación de bendiciones sobre el Santo Profeta (sa)). Díganle que procure recordar a Al-lah tanto como pueda, que invoque bendiciones sobre el Santo Profeta (sa) y que lo haga con reflexión.

A medida que este hábito se arraigue en una persona, desaparecerá la costumbre de hablar con obscenidad, porque un valor más fuerte y más positivo habrá ocupado su lugar. […] Insistan mucho en el recuerdo de Al-lah, y mantengan su lengua y su corazón húmedos con la Oración, el recuerdo de Al-lah y el Durud».

(Khutbat-e-Tahir, vol. 2, págs. 412-414)

El Jalifa de la época, Hazrat Mirza Masrur Ahmad (aba)

Nuestro amado Imam, el Jalifa de la época (aba), nos exhorta:

«Todo ahmadí debe esforzarse por mantener su lengua húmeda con el recuerdo de Al-lah, y procurar que cada uno de nuestros actos, cada una de nuestras obras y cada paso que demos hacia Al-lah sea tal que Él venga corriendo hacia nosotros y nos envuelva en el manto de Su amor».

(Khutbat-e-Masrur, vol. 2, pág. 768)

Asimismo, dijo:

«Mantengan su lengua húmeda con el recuerdo de Al-lah, porque es precisamente así como se abrirán las puertas de nuestras victorias, in sha Al-lah».

(Khutbat-e-Masrur, vol. 6, pág. 64)

Y en otra ocasión:

«Nuestra tarea […] es mantener, hoy y siempre, la lengua húmeda invocando bendiciones sobre el Santo Profeta (sa), y seguir progresando en ello».

(Sermón del viernes, 25 de enero de 2013)

Para obtener la protección especial de Al-lah y los más altos progresos, para establecer en los corazones la grandeza de nuestro señor, el Santo Profeta Muhammad (sa), para izar en el mundo entero la bandera de la Unicidad del Dios Único y para borrar del mundo la oscuridad y las tinieblas, siguiendo paso a paso al Mahdi de los últimos días y bajo la sombra del Khilafat de la Ahmadía, debemos mantener nuestra lengua húmeda en todo momento con el recuerdo de Al-lah. Así se nos concederá esa luz de discernimiento que borre por completo de la faz de la tierra el dominio de Satanás.

Que el dominio de Satanás desaparezca de este mundo

y que mi amado Mustafa (sa) reine sobre la tierra entera.

¿Con qué palabras debe recordarse a Al-lah?

Hazrat Yabir bin Abdul-lah (ra) relata haber oído decir al Santo Profeta (sa):

أَفْضَلُ الذِّكْرِ لَا إِلٰهَ إِلَّا اللّٰهُ وَأَفْضَلُ الدُّعَاءِ الْحَمْدُ لِلّٰهِ

«El mejor recuerdo es la ilaha il-lal-lah (no hay más dios que Al-lah), y la mejor súplica es al-hamdu lil-lah (toda alabanza pertenece a Al-lah)».

(Yami at-Tirmidhi, Libro de las Súplicas, Hadiz 3383)

Hazrat Anas bin Malik (ra) relata que el Santo Profeta (sa) pasó junto a un árbol de hojas secas, lo golpeó con su bastón y las hojas cayeron. Entonces dijo:

إِنَّ الْحَمْدَ لِلّٰهِ وَسُبْحَانَ اللّٰهِ وَلَا إِلٰهَ إِلَّا اللّٰهُ وَاللّٰهُ أَكْبَرُ لَتُسَاقِطُ مِنْ ذُنُوبِ الْعَبْدِ كَمَا تَسَاقَطَ وَرَقُ هٰذِهِ الشَّجَرَةِ

«Decir al-hamdu lil-lah, subhanal-lah, la ilaha il-lal-lah y Al-lahu akbar hace caer los pecados del siervo como han caído las hojas de este árbol».

(Yami at-Tirmidhi, Libro de las Súplicas, Hadiz 3533)

Hazrat Abu Huraira (ra) relata que el Santo Profeta (sa) dijo:

كَلِمَتَانِ حَبِيبَتَانِ إِلَى الرَّحْمٰنِ خَفِيفَتَانِ عَلَى اللِّسَانِ ثَقِيلَتَانِ فِي الْمِيزَانِ سُبْحَانَ اللّٰهِ وَبِحَمْدِهِ سُبْحَانَ اللّٰهِ الْعَظِيمِ

«Hay dos frases muy amadas por el Clemente, ligeras en la lengua y pesadas en la balanza: subhanal-lahi wa bihamdihi, subhanal-lahil-'azim (Santo es Al-lah, y digno de toda alabanza; Santo es Al-lah, el Grandioso)». Es decir, son fáciles de pronunciar, pero cuando se pesen las obras ante Dios tendrán un gran valor.

(Sahih al-Bujari, Libro de la Unicidad, Hadiz 7563)

Una experiencia del Mesías Prometido (as) con el recuerdo de Al-lah

El Mesías Prometido (as) relata:

«En una ocasión caí gravemente enfermo, a tal punto que, en tres momentos distintos, mis familiares, creyendo que había llegado mi hora, me recitaron la sura Ya Sin conforme a la Sunnah. Cuando me la recitaban por tercera vez, veía cómo algunos de mis allegados —que ya han dejado este mundo— lloraban sin poder contenerse detrás de las paredes.

Padecía un cólico intestinal muy severo y, una y otra vez, evacuaba sangre. Así estuve dieciséis días seguidos. Otra persona enfermó al mismo tiempo que yo, y al octavo día partió hacia la morada eterna, aunque su enfermedad no era tan grave como la mía.

Al llegar el decimosexto día, cuando ya se había perdido toda esperanza, me recitaron por tercera vez la sura Ya Sin, y todos mis allegados estaban convencidos de que antes del anochecer estaría en la tumba.

Entonces, así como Dios enseñó a algunos de Sus profetas súplicas para librarse de sus aflicciones, también a mí me enseñó por revelación una súplica, que es esta:

سُبْحَانَ اللّٰهِ وَبِحَمْدِهِ سُبْحَانَ اللّٰهِ الْعَظِيمِ اَللّٰهُمَّ صَلِّ عَلَىٰ مُحَمَّدٍ وَآلِ مُحَمَّدٍ

“Santo es Al-lah, y digno de toda alabanza; Santo es Al-lah, el Grandioso. ¡Oh, Al-lah! Envía Tus bendiciones sobre Muhammad y sobre los suyos”.

Y Dios infundió en mi corazón que pusiera la mano en agua de río mezclada con arena, recitara estas palabras puras y la pasara por mi pecho, mi espalda, mis dos manos y mi rostro, y que así sanaría. De inmediato trajeron agua de río con arena, y comencé a hacer lo que se me había enseñado.

En ese momento parecía que de cada uno de mis cabellos salía fuego; todo mi cuerpo ardía con un dolor insoportable, y sin poder evitarlo deseaba que, aunque fuera la muerte, llegara algo que me librara de aquel estado. Pero cuando empecé a hacerlo, juro por Dios, en cuyas manos está mi vida, que cada vez que recitaba esas palabras puras y pasaba el agua por mi cuerpo sentía que el fuego salía de mí y que en su lugar llegaban frescura y alivio.

Aún no se había terminado el agua del cuenco cuando vi que la enfermedad me había abandonado por completo. Y aquella noche, tras dieciséis días, dormí el sueño de los sanos».

(Tiryaq al-Qulub, Ruhani Khaza'in, vol. 15, págs. 208-209)

Súplicas del Santo Profeta (sa)

Hazrat Anas bin Malik (ra) relata que la súplica que el Santo Profeta (sa) recitaba con más frecuencia era:

اللّٰهُمَّ رَبَّنَا آتِنَا فِي الدُّنْيَا حَسَنَةً وَفِي الْآخِرَةِ حَسَنَةً وَقِنَا عَذَابَ النَّارِ

«Señor nuestro, concédenos el bien en este mundo y el bien en el Más Allá, y protégenos del castigo del Fuego»

(Sahih al-Bujari, Libro de las Súplicas, Hadiz 6389)

Nuestro amado Imam, el Jalifa de la época (aba), dice acerca del Mesías Prometido (as):

«En cierta época, él (as) exhortó especialmente a la Comunidad a recitar esta súplica: rabbana atina fid-dunia hasanatan wa fil-ajirati hasanatan wa qina 'adhaban-nar (Corán 2:202)».

(Khutbat-e-Masrur, vol. 10, pág. 44)

Hazrat Abu Musa al-Ash'ari (ra) relata que el Santo Profeta (sa) le dijo: «¡Oh, Abu Musa! —o dijo: ¡Oh, Abdul-lah!—. ¿Quieres que te indique una frase que es uno de los tesoros del Paraíso?». Respondí: «¡Sí, oh, Mensajero de Al-lah!». Dijo:

لَا حَوْلَ وَلَا قُوَّةَ إِلَّا بِاللّٰهِ

«La haula wa la quwwata il-la bil-lah» (no hay poder ni fuerza sino en Al-lah). Es decir: sin la ayuda de Al-lah no tengo fuerza para evitar el mal ni capacidad para hacer el bien.

(Sahih al-Bujari, Libro de las Súplicas, Hadiz 6409)

Las prácticas espirituales que recomendaba el Mesías Prometido (as)

Hazrat Sahibzada Mirza Bashir Ahmad (ra) escribe:

«Mi tío materno, el Dr. Mir Muhammad Ismail (ra), me contó que algunas personas, después de hacer el Baiat, le pedían al Mesías Prometido (as) que les indicara alguna wazifa (fórmula de recitación repetida). Él solía responder que ofrecieran la Oración con esmero, que suplicaran durante la Oración en su propio idioma y que leyeran mucho el Sagrado Corán.

En cuanto a las wazifas, solía decir que hicieran istighfar (pedir perdón a Al-lah), que recitaran la sura Al-Fatihah, que fueran constantes en el Durud y que perseveraran en el la haula y el subhanal-lah. Y añadía: “Estas son nuestras únicas wazifas”.

Este humilde servidor señala que el Mesías Prometido (as) no creía en las wazifas a modo de conjuros, sino que recomendaba ciertas frases como forma de súplica y de recuerdo de Al-lah».

(Sirat al-Mahdi, vol. 1, pág. 507)

Nuestro amado Imam, el Jalifa de la época (aba), dice:

«Hazrat Mian Amiruddin (ra), ahmadí de Gujrat, relata: “En una ocasión le conté al Mesías Prometido (as) que estaba endeudado. Me dijo: ‘Recita el Durud con abundancia’”.

Muchas personas escriben sobre sus problemas, también sobre problemas económicos, y por lo general el Mesías Prometido (as) les indicaba precisamente esto: que ofrecieran las cinco oraciones diarias y recitaran el Durud.

[Mian Amiruddin (ra) continúa:] “Me dijo: ‘Recita el Durud con abundancia y haz istighfar con abundancia’. Esa fue toda mi wazifa, y por ella mi Señor Generoso me bendijo y quedé libre de deudas”».

(Khutbat-e-Masrur, vol. 9, pág. 312)

Y también:

«El Mesías Prometido (as) le escribió esta wazifa a Hazrat Maulawi Sufi Ata Muhammad (ra), y allí mismo también le dijo de palabra: “Si me pregunta por una wazifa, no necesita ninguna otra: recite el Durud con abundancia, recite Al-Fatihah con abundancia, haga istighfar con abundancia, y estudie el Sagrado Corán con mirada profunda, léalo y recítelo con regularidad. Esta es la wazifa, y es el secreto del éxito”. […]

Muchas personas también me escriben a mí y, siguiendo esta misma guía, por lo general eso es lo que les indico. En otro lugar, el Mesías Prometido (as) también le escribió a alguien que recitara el la haula:

لَا حَوْلَ وَلَا قُوَّةَ إِلَّا بِاللّٰهِ الْعَلِيِّ الْعَظِيمِ

“No hay poder ni fuerza sino en Al-lah, el Altísimo, el Grandioso”. Esta súplica también debe recitarse».

(Khutbat-e-Masrur, vol. 9, pág. 639)

El Nombre Supremo y otras súplicas reveladas al Mesías Prometido (as)

Acerca del Nombre Supremo de Al-lah (Ism-e-A'zam), el Mesías Prometido (as) relata:

«Aquella noche mi estado era tal que, de no haber sido por la revelación de Dios, no habría tenido ninguna duda de que había llegado mi última hora. En esa situación me quedé dormido y vi que me encontraba en un lugar que parecía un callejón cerrado, y que venían tres búfalos.

Uno de ellos se dirigió hacia mí y lo aparté de un golpe. Luego vino el segundo y también lo aparté. Después vino el tercero, que parecía tan poderoso que pensé que ya no había escapatoria. Pero, por el poder de Dios, en cuanto sentí temor, giró la cabeza hacia un lado. Aproveché la ocasión para pasar rozándolo y escapar. Corrí, y mientras corría pensé que me perseguiría, pero no volví la vista atrás.

En ese momento, en el sueño, Dios infundió en mi corazón la siguiente súplica:

رَبِّ كُلُّ شَيْءٍ خَادِمُكَ رَبِّ فَاحْفَظْنِي وَانْصُرْنِي وَارْحَمْنِي

“Señor mío, todo está a Tu servicio. Señor mío, protégeme, ayúdame y ten misericordia de mí”.

Y se me hizo saber que este es el Nombre Supremo, y que quien recite estas palabras se librará de toda aflicción».

(Malfuzat, vol. 2, págs. 567-568)

Sobre otra revelación, dijo:

«Como también existía la preocupación por una enfermedad epidémica, Al-lah indicó como remedio la repetición de estos nombres Suyos:

يَا حَفِيظُ، يَا عَزِيزُ، يَا رَفِيقُ

Ya Hafizu, ya 'Azizu, ya Rafiqu (¡Oh, Protector! ¡Oh, Poderoso! ¡Oh, Compañero!).

Rafiq es un nombre nuevo de Al-lah, que no había aparecido antes entre Sus nombres».

(Malfuzat, vol. 3, pág. 427)

Una súplica para afrontar las dificultades

Para resolver dificultades, el Mesías Prometido (as) escribió en una carta a Hazrat Nawab Muhammad Ali Khan (ra):

«Con humildad de derviche, recite once veces después de cada oración:

لَا حَوْلَ وَلَا قُوَّةَ إِلَّا بِاللّٰهِ الْعَلِيِّ الْعَظِيمِ

Por la noche, antes de dormir, después de la oración habitual, recite el Durud al menos cuarenta y una veces y luego ofrezca dos rak'at de oración. En cada postración, recite al menos tres veces esta súplica:

يَا حَيُّ يَا قَيُّومُ بِرَحْمَتِكَ أَسْتَغِيثُ

“¡Oh, Viviente! ¡Oh, Sustentador de todo! En Tu misericordia busco auxilio”.

Después complete la oración, salude para concluirla y suplique por usted mismo».

(Maktubat-e-Ahmad, vol. 2, carta n.º 80, pág. 291)

Las súplicas que nos encomienda el Jalifa de la época (aba)

Nuestro amado Imam, el Jalifa de la época (aba), dice:

«Quiero llamar la atención también sobre algunas súplicas que el tercer Jalifa, Hazrat Mirza Nasir Ahmad (rh), indicó antes con motivo del jubileo de la Comunidad Ahmadía, y que yo también indiqué después con motivo del jubileo del Khilafat. No deben olvidarse ni reducirse; deben recitarse siempre y formar parte permanente de nuestra vida. […]

La primera de ellas es la sura Al-Fatihah, que debe recitarse muchísimo. Luego está el Durud que recitamos en la Oración: repítanlo en abundancia. Después, la súplica revelada que se enseñó al Mesías Prometido (as):

سُبْحَانَ اللّٰهِ وَبِحَمْدِهِ سُبْحَانَ اللّٰهِ الْعَظِيمِ اَللّٰهُمَّ صَلِّ عَلَىٰ مُحَمَّدٍ وَآلِ مُحَمَّدٍ

(Tadhkirah, pág. 25). Recítenla mucho.

Un hadiz relata que Hazrat Abu Huraira (ra) narró que el Santo Profeta (sa) dijo: “Hay dos frases sumamente ligeras en la lengua, pero muy pesadas en la balanza, y muy amadas por el Clemente: subhanal-lahi wa bihamdihi, subhanal-lahil-'azim” (Sahih al-Bujari, Libro de las Súplicas, Hadiz 6406). Él dijo que son muy amadas por el Clemente. Por tanto, para atraer la misericordia de Al-lah, esta súplica es también muy necesaria.

Luego está esta súplica, que debemos seguir recitando:

رَبَّنَا لَا تُزِغْ قُلُوبَنَا بَعْدَ إِذْ هَدَيْتَنَا وَهَبْ لَنَا مِنْ لَدُنْكَ رَحْمَةً إِنَّكَ أَنْتَ الْوَهَّابُ

“Señor nuestro, no permitas que nuestros corazones se perviertan después de que nos has guiado; y concédenos Tu misericordia; en verdad, sólo Tú eres el Donador por excelencia” (Corán 3:9).

Hazrat Nawab Mubaraka Begum (ra) tuvo un sueño después del fallecimiento del Mesías Prometido (as), en el que él le encarecía recitar mucho esta súplica de rabbana la tuzigh qulubana. Cuando le contó el sueño al primer Jalifa (ra), él dijo: “A partir de ahora no dejaré de recitarla nunca; la recitaré muchísimo”. Y añadió que, así como es una súplica a Al-lah para fortalecer la fe, es también una gran súplica para permanecer unidos al sistema del Khilafat. (Tomado de Tahririat-e-Mubaraka, págs. 306-307).

Luego hay otra súplica a la que debe prestarse muchísima atención:

رَبَّنَا أَفْرِغْ عَلَيْنَا صَبْرًا وَثَبِّتْ أَقْدَامَنَا وَانْصُرْنَا عَلَى الْقَوْمِ الْكَافِرِينَ

«Señor nuestro, derrama sobre nosotros paciencia, afirma nuestros pasos y ayúdanos frente al pueblo incrédulo» (Corán 2:251).

Después está la súplica que, según una narración, el Santo Profeta (sa) recitaba cuando temía algún peligro de parte de un pueblo:

اللّٰهُمَّ إِنَّا نَجْعَلُكَ فِي نُحُورِهِمْ وَنَعُوذُ بِكَ مِنْ شُرُورِهِمْ

(Sunan Abu Dawud, Libro de la Oración, Hadiz 1537)

“¡Oh, Al-lah! Te ponemos frente a ellos y en Ti buscamos refugio de sus maldades”. […] ¡Oh, Al-lah! Solo Tú puedes asestarles un golpe que ponga fin a su vida, para que quedemos a salvo de sus maldades. Solo Tú puedes quebrar el poder de estos malvados, de los que siembran la discordia y de los opresores. Acaba, pues, con ellos y ampáranos de su maldad.

Además, como dije, Al-lah también nos manda pedir perdón en abundancia, con esta súplica:

أَسْتَغْفِرُ اللّٰهَ رَبِّي مِنْ كُلِّ ذَنْبٍ وَأَتُوبُ إِلَيْهِ

“Pido perdón a Al-lah, mi Señor, por todos mis pecados, y a Él me vuelvo arrepentido”.

Asimismo, hace algún tiempo, a raíz de un sueño, pedí que se recitara mucho la súplica:

رَبِّ كُلُّ شَيْءٍ خَادِمُكَ رَبِّ فَاحْفَظْنِي وَانْصُرْنِي وَارْحَمْنِي

(Tadhkirah, pág. 363). Incluyan también la súplica que mencioné en el sermón anterior:

رَبَّنَا اغْفِرْ لَنَا ذُنُوبَنَا وَإِسْرَافَنَا فِي أَمْرِنَا وَثَبِّتْ أَقْدَامَنَا وَانْصُرْنَا عَلَى الْقَوْمِ الْكَافِرِينَ

«Señor nuestro, perdona nuestros pecados y nuestros excesos en nuestros asuntos, afirma nuestros pasos y ayúdanos frente al pueblo incrédulo» (Corán 3:148).

Además, hay una súplica revelada al Mesías Prometido (as) que es muy necesario recitar […]. Es esta:

يَا رَبِّ فَاسْمَعْ دُعَائِي وَمَزِّقْ أَعْدَاءَكَ وَأَعْدَائِي وَأَنْجِزْ وَعْدَكَ وَانْصُرْ عَبْدَكَ وَأَرِنَا أَيَّامَكَ وَشَهِّرْ لَنَا حُسَامَكَ وَلَا تَذَرْ مِنَ الْكَافِرِينَ شَرِيرًا

“¡Oh, Señor mío! Escucha mi súplica, despedaza a Tus enemigos y a los míos, cumple Tu promesa, auxilia a Tu siervo, muéstranos Tus días, desenvaina Tu espada por nosotros y no dejes a ningún malvado entre los que niegan” (Tadhkirah, pág. 426).

Estas son, pues, las súplicas a las que es necesario prestar mucha atención».

(Khutbat-e-Masrur, vol. 12, págs. 327-330)

La necesidad de perseverar en la súplica

Finalmente, nuestro amado Imam, el Jalifa de la época (aba), nos exhorta:

«En estos días, insistan en la súplica, la súplica y la súplica. Que Al-lah mantenga a la Comunidad bajo Su protección y Su amparo en todos los sentidos: a cada uno de sus miembros y a la Comunidad en su conjunto. Que Al-lah nos conceda, a mí y a ustedes, la capacidad de suplicar y de beneficiarnos de la aceptación de nuestras súplicas».

(Sermón del viernes, 10 de abril de 2020; Al Fazl International, Londres, 26 de abril de 2020)

Nota editorial

Las traducciones españolas de los versículos 2:153, 3:192, 2:202, 2:251 y 3:148 se han incorporado como versiones de trabajo basadas en el texto árabe. Deben cotejarse con la traducción oficial de la Comunidad Musulmana Ahmadía antes de publicar. Los números de los hadices y las referencias bibliográficas se conservan de la versión proporcionada y requieren comprobación independiente.

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